2001: Una odisea del espacio. La ruta hacia el superhombre.

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Pretenciosa, pedante… pero, sin duda, una obra de arte.

El  21 de julio de 1969, el hombre llegaba por primera vez a la Luna. Como diría Neil Armstrong, «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad». Si la carrera espacial nos había llevado hasta la Luna, conquistar el resto del universo debía estar, necesariamente, al alcance de la mano.  Era como si alcanzar la Luna fuera un primer tramo de algo mucho más grande. Casi un año antes del alunizaje,  Stanley Kubrick estrena 2001: Una odisea del espacio.

Hoy sabemos que la llegada a la Luna no suponía una inmediata conquista del espacio.  Hace décadas que ningún astronauta pisa nuestro satélite. Incluso hay personas que creen que nunca se llegó, a pesar de todas las evidencias existentes. En total fueron 6 alunizajes, el último en 1972. Fue la grave crisis del petróleo en el 73 y la distensión en la guerra fría lo que terminó con los vuelos lunares… y con la carrera espacial.

Pero los incrédulos también tenían sus razones. El tremendo impacto visual de la película de Kubrick fue la gasolina para que algunos creyeran que era todo un montaje. Si el director neoyorkino era capaz de rodar 2001, también podía rodar un alunizaje.

2001: Una odisea del espacio, una película controvertida

Desde luego, la magna obra de Kubrick será eternamente recordada. Para muchos es una película pretenciosa, pedante… incluso envejecida. Ciertamente, si nos fijamos en la estética de las azafatas, o de los muebles de la base lunar, o si comparamos el viaje al infinito con el LSD tan de moda entre el movimiento hippie, es evidente que 2001 es una película marcada por los años 60. También es cierto que es muy críptica, que sorprende por su ambigüedad y que da pie a numerosas interpretaciones. No es una película para todos los públicos. Hoy en día, muchísima gente se aburriría infinitamente viéndola.

Frente a los que defienden que en 2001: Una odisea del espacio no hay un mensaje, sino que simplemente es una orgía audiovisual, yo, humildemente, creo que sí que existe un mensaje. Aunque es posible que con un solo visionado nos abrumemos con las distintas partes de la obra. Éstas pueden parecer desconexas, sin otro hilo conductor que el misterioso monolito. En todo caso, el mensaje es bastante simbólico y pienso que Kubrick buscaba eso precisamente.

En ese sentido, reconozco que es una película un tanto... elitista. Entiendo que a mucha gente le pueda aburrir y que, en definitiva, 2001 le suponga una enorme sin-sentido. Si en 1968 ya fue muy criticada por ello, hoy en día, que vivimos en una sociedad mucho más inmediata, mucho menos paciente, el contraste con lo que el cine nos tiene acostumbrado es abrumador.

El Centinela

Como sabéis, 2001: Una odisea en el espacio nació a partir de un relato escrito por Arthur C. Clarke en 1948, El Centinela, en el que se descubre una misteriosa pirámide de cristal en la superficie de la Luna. El descubridor de la pirámide, narrador del relato, reflexiona acerca de la pirámide de la siguiente manera:

A sus constructores no los interesaban las razas que estaban aún luchando por salir del salvajismo. Solamente les interesaría nuestra civilización si demostramos nuestra aptitud para sobrevivir al espacio y escapándonos así de nuestra cuna, la Tierra. Ese es el reto con que todas las razas inteligentes tienen que enfrentarse, más tarde o más temprano. Es un reto doble, pues depende a su vez de la conquista de la energía atómica y de la última elección entre la vida y la muerte.

El guión de la película fue escrito conjuntamente entre Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke. Pero el escritor, como hemos visto en otras entradas como en Cita con Rama, era un partidario de la ciencia ficción dura, explicaciones científicas y técnicas, sin metáforas ni misticismos.

En ese sentido, la novelización, que escribió el propio Clarke tras el estreno de la película, contiene muchas menos ambigüedades y es mucho más clara, pero precisamente por eso, no es una reproducción fiel a la película de Kubrick que fue, sin duda, el que añadió todo el contenido más místico y misterioso.

2001 odisea espacial

Así habló Zaratusta

Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán de finales del siglo XIX que siempre ha estado muy de moda en los círculos bohemios y nihilistas. Una de sus obras más señaladas es precisamente Así habló Zaratusta. Un libro para todos y para nadie, donde desarrolla su tesis de que una vez el ser humano se libre de sus prejuicios religiosos y concepciones preestablecidas sobre el bien y el mal, dará paso al superhombre. Un hombre nuevo, pleno, poderoso.

Por cierto, no sólo los bohemios y nihilistas adoran a Nietzsche. Los nazis se apoyaron en el concepto del superhombre para darle una base “filosófica” –si se puede llamar así- a sus locuras sobre la supremacía aria.

En cualquier caso, no es casualidad que Kubrick eligiera la fanfarria inicial del poema sinfónico Así habló Zaratusta, de Richard Strauss para algunos de los momentos más importantes de la película. 2001: Una odisea del espacio, nos relata la evolución del ser humano, desde un estadio primitivo, hasta convertirse en un superhombre.

El camino hacia el superhombre

El monolito es un símbolo. No creo que sea ni una civilización alienígena –como se indica en El Centinela o en la novelización de Clarke-, ni un dios. Pienso que es más un símbolo que indica los saltos cualitativos de la evolución humana.

El primero de ellos, que aparece en la Tierra en el amanecer del hombre, simboliza el nacimiento del hombre como especie inteligente. El monolito otorga la inteligencia a un grupo de homínidos africanos que, desde ese momento comienzan a progresar gracias al uso de las herramientas. Es interesante esa perspectiva tan materialista, lo que marca la inteligencia es el uso de ese famoso hueso con el que consiguen alimento, se protegen de las fieras y derrotan a la otra tribu de homínidos.

Y es también significativo como el homínido utiliza ese hueso. No sólo para cazar o defenderse de sus depredadores. También lo usa para atacar a otros homínidos. La inteligencia va de la mano de la violencia. Antes, los homínidos gruñían, se gritaban. Pero con la inteligencia nos matamos unos a otros. Algo inaudito en otras especies animales.

Fijémonos también en el simbolismo que asocia el monolito al Sol. El Sol ha estado siempre identificado con los más poderosos dioses, y también con el conocimiento, la luz, el poder. Y es el Sol el que activa al monolito. El de la Tierra y también el de la Luna.

El segundo monolito

El monolito que descubren en la Luna es el que guarda más relación con El Centinela de Clarke.  Es descubierto sólo cuando la humanidad es capaz de viajar y explotar la Luna, tras la elipse más famosa de la historia del cine, y nos muestra el camino a seguir para alcanzar la siguiente etapa en nuestra evolución.

Por supuesto, estas escenas también son simbólicas. Las naves espaciales bailando El Danubio azul de Johann Strauss II, nos muestra todo lo que la cultura y el desarrollo de la humanidad ha sido capaz de alcanzar: ciencia, arte, tecnología. Un desarrollo tremendo. Pero a un coste. En ese camino, la humanidad se ha deshumanizado. Hemos perdido nuestra pasión, nuestra alma. Somos una especie fría. Ni siquiera nos inmutamos ante los cumpleaños, ni el nuestro, ni el de nuestra hija. Lo solucionamos con regalos, con objetos materiales. Todo es artificial, sin sentimientos.

Resultará que el personaje con más sentimientos de la película, será una inteligencia artificial, HAL 9000, el más complejo e interesante de los protagonistas de la película.

Hall 9000

HAL 9000

HAL 9000 es orgulloso. Se vanagloria de que no comete errores. Pero cuando pregunta a Bowman sobre la verdadera causa de la misión, que los dos astronautas que no están en hibernación desconocen, entra en contradicción con su programación y con la información real que él sí posee, y comienza a fallar.

Entonces, temiendo por su vida, demostrará que puede asesinar, que también puede mentir y que, cuando Bowman lo va a desconectar, tiene miedo y sufre como un humano. Sus  5 minutos de su agonía cantando Daisy, Daisy es una de las grandes joyas de la película

Pero toda esta trama, que es la más comprensible, también es simbólica. El ser humano, en su arrogancia, juega a ser Dios, y crea la inteligencia artificial. Pero en la odisea hacia el superhombre, la inteligencia artificial es un callejón sin salida. La tecnología era necesaria para llegar a ese punto, pero no dejaba de darnos una falsa sensación de seguridad y confianza que puede llevarnos a la complacencia y al estancamiento. En otras obras como Dune o la saga de Hyperion se refleja una idea similar.

La lucha entre Bowman y HAL 9000 simboliza la lucha de la humanidad contra esa falsa comodidad tecnológica. Bowman hace lo imposible, se arriesga en una maniobra que HAL 9000 creía imposible, y gana. Con valor y decisión, Bowman derrota a la máquina y avanza hacia el siguiente monolito, el siguiente paso en la evolución humana.

Viaje al infinito y más allá.

En este punto, libro y película difieren bastante. Mientras que Clarke se centra en su explicación de los alienígenas, Kubrick profundiza en sus metáforas hasta alcanzar una gran abstracción. Clacke habla de viaje por el espacio y el tiempo hasta incluso conocer el planeta de los constructores de los monolitos. Kubrick nos embarca por un viaje a través del conocimiento infinito. Todo el potencial desarrollo intelectual de la humanidad que nos espera en nuestro camino hacia el superhombre. No necesitamos alienígenas, ni dioses. Nosotros mismos nos adentraremos en un camino increíble, fabuloso, que nuestro cerebro actual es incapaz de comprender. El LSD tenía la fama de expandir nuestra conciencia, y ese viaje psicotrópico de Bowman refleja precisamente eso: nuestro cerebro expandiéndose.

¿Y qué nos queda para convertirnos en superhombres? Desprendernos de lo material, de lo caduco, de nuestra propia debilidad como humanos. Eso es lo que sucede en la misteriosa sala blanca, curiosamente decorada con objetos materiales de distintos estilos artísticos. Y por eso Bowman envejece y muere. Todo lo que existe merece perecer, decía Hegel y la humanidad debe perecer, como la conocemos hoy en día, para renacer como superhombre.

En ese momento volvemos a ver al monolito. Es el último salto, el último paso. El feto que sustituye a Bowman ya es el superhombre en potencia. Y regresa a la Tierra, como un profeta, para mostrar el camino a todos los humanos.

Superhombre, evolución y tecnología

2001_star_child

¿Puede el desarrollo de la tecnología acomodar y estancar al ser humano? ¿Está destinado el ser humano a evolucionar a un estadio superior? Estos dos temas, relacionados entre sí, pienso que sintetizan el gran debate que hay tras 2001: Una odisea en el espacio.

La evolución nos preparó para ser hombres. Pero el hueso de Kubrick, que representa la herramienta, la tecnología, fue lo que nos convirtió en humanos. El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, diría Engels. Y, desde entonces, nuestra historia ha estado completamente vinculada al desarrollo de la tecnología y de la ciencia, aunque en un primer estadio los propios hombres la recubrieran de magia, religión o tradición. Esa tecnología y esa ciencia han dado al ser humano una capacidad para destruir aterradora, pero también nos ha sacado de las cuevas de la ignorancia y nos ha puesto en disposición de conquistar las estrellas.

¿Usaremos esa tecnología y esa ciencia para destruirnos, o la emplearemos para construir un Eden en la Tierra? Ya hoy por hoy, según informes de la ONU, con la tecnología existente se podría erradicar el hambre en el planeta, pero las desigualdades entre los pocos más ricos y la mayoría más pobre no han dejado de crecer. Quizás cuando resolvamos esa tremenda contradicción, entre lo que podemos hacer y lo que realmente hacemos, comenzará la verdadera historia de la humanidad.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto 2001: Una odisea en el espacio? ¿Qué te ha parecido?

2001: una odisea del espacio

Ficha de la película:

2001: Una odisea en el espacio

  • Director: Stanley Kubrick
  • Guionistas: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke
  • Fecha de estreno: 1968
  • Productora: Metro-Goldwyn-Mayer
  • Premios (entre otros):
    • Óscar a los mejores efectos visuales en 1968.
    • Mejor fotografía, mejor sonido y mejor diseño de producción en los premios BAFTA de 1968.
    • Premio Hugo a la mejor representación dramática de 1969.
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