Las bóvedas de acero. Prejuicios y superación.

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Comienzan las aventuras de Elijah y R. Daneel

Desde que dediqué una serie de entradas a la trilogía de la Fundación, ha pasado bastante tiempo sin escribir nada sobre Isaac Asimov. Teniendo en cuenta que es uno de mis autores favoritos y que fue con quien me adentré en la ciencia ficción adulta, ha pasado demasiado tiempo. Y después de Fundación, dentro de la impresionante producción literaria de Asimov, destaca con luz propia todas sus historias sobre robots. Quizás sea más famosa su recopilación de relatos Yo, robot. Pero quiero hablar de sus novelas de robots. En especial Las Bóvedas de acero y El sol desnudo. Hoy empezaré con Las bóvedas de acero.

Yo, robot

El término robot no fue una creación de Asimov, pero sin duda, fue el que más ha hecho para popularizarla. La ciencia ficción tradicionalmente se ha dividido entre los defensores de que las inteligencias artificiales, ya sean robots, androides o supercomputadores terminarían rebelándose contra los humanos y tomando el control del mundo. Uno de los casos más extremos es AM de Harlan Ellison o la propia película de Yo, robot que tiene muy poco que ver con los relatos de Asimov.

Porque Asimov era un firme defensor de que los robots no tenían porqué asimilar y replicar las peores conductas humanas, máxime cuando es el propio ser humano el que programa a los robots. Y, mediante su programación puede garantizarse un comportamiento adecuado. De esta manera nacen las famosas leyes de la robótica.

  1. Primera ley, un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Segunda ley, un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Tercera ley, un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Complejo de Frankenstein

Por supuesto, siempre pueden quedar flecos abiertos. ¿Y si no se programa a un robot con éstas leyes? ¿Y si los propios robots evolucionan encontrando una manera de saltarse estas leyes o generando una nueva ley?.

En cualquier caso para Asimov, el miedo a una rebelión de robots formaba parte de los prejuicios humanos, un "complejo de Frankenstein" provocado por la manera en que los humanos usamos nuestras creaciones tecnológicas.

Así, los relatos de Yo, robot -así como otros relatos incluidas en compilaciones posteriores- Asimov explora distintos escenarios donde se pone en cuestión el funcionamiento de las leyes de la robótica, demostrando cómo se cumplen escrupulosamente. Las bóvedas de acero y El sol desnudo siguen esta premisa, pero inmersa en temática policíaca y en un contexto social futurista muy interesante.

Las bóvedas de acero

Un espacial aparece asesinado y el culpable sólo puede ser un robot. Ésta es la tesis sobre la que se construye Las bóvedas de acero.

En el pasado (nuestro futuro), la humanidad colonizará 50 planetas gracias al uso masivo de robots. En estos planetas se desarrollará una economía muy sofisticada basada en la mano de obra robótica. La Tierra no seguirá el mismo camino e incluso el uso de robots será rechazado por amplias capas de la población por los problemas sociales que su uso implica.

Con el tiempo, la diferencia entre estos planetas y la Tierra derivará en una escisión en la especie humana. Los espaciales, habitantes de estos 50 planetas, alargarán su esperanza de vida, serán muy ricos con vidas muy acomodadas, pero también tendrán un sistema inmunitario mermado por las condiciones controladas creadas en los nuevos planetas. En cambio, los habitantes de la Tierra se encerrarán en el planeta, construirán sus Ciudades bajo tierra y desarrollarán agorafobia, miedo a los espacios abiertos. Será una sociedad acomplejada y en decadencia, recelosa de su brillante pasado y del poder de los espaciales.

Caves of Steel tribute

Nuevos elois y morlocks

El enfrentamiento llevará incluso a una guerra entre la Tierra y los espaciales, hasta el punto de que los espaciales obligarán a los terrestres a permitir el comercio y a reintroducir los robots. Estamos ante una nueva lectura de la división social de H.G. Wells de elois y morlocks, pero en clave galáctica y sin canibalismo.

Humanos divididos en dos subespecies, cada vez más diferentes y enfrentadas. Ambas, decadentes.

Los terrestres, que están involucionando económica y socialmente, encerrados en sus gigantescas Ciudades subterráneas (las bóvedas de acero). Se niegan a abandonar el planeta Tierra y a emplear robots. Las bóvedas de acero nos describirá cómo es la vida en esas gigantescas Ciudades, colmenas humanas sobrepobladas. Para nosotros nos resultará extremadamente opresivo y burocráticamente controlado: baños y comedores comunitarios -sin privacidad, pero económicamente más eficientes-, control climático o alimentos fabricados. Y agorafobia. La sociedad ha desarrollado un brutal miedo a los espacios abiertos, lo que les condena a no abandonar las Ciudades, a quedarse encerrados en la Tierra.

El rechazo a los robots nos recuerda a los luditas. Destruían las máquinas porque su uso suponía la destrucción de los puestos de trabajo. Siempre que se ha desarrollado la tecnología, hemos sufrido ese efecto. Yo creo que el problema no reside en la tecnología en sí, sino en que el sistema no es capaz de ofrecer nuevos puestos de trabajo. Así, en las Ciudades están creciendo los llamados "medievalistas", que idealizan el pasado humano, odian a los espaciales y a la tecnología.

Y los espaciales. Son extremadamente dependientes de su economía robótica. Se consideran superiores a los terrestres, a los que tratan con desprecio. Pero no es una sociedad tan brillante como aparenta. Como veremos en El Sol desnudo, también son un callejón sin salida de comodidades y ociosidad. Inútiles y atractivos, como los elois.

Dos sociedades enfermas, cada una a su manera.

Elijah y R. Daneel

El inspector terrestre Elijah Baley será el encargado de investigar el asesinato del espacial. Contará con la ayuda de R. Daneel Olivaw, un robot humanoide espacial. Esta peculiar pareja de detectives, un humano armado del clásico instinto policíaco y un robot con las tres leyes de la robótica programadas, se convertirán en un clásico de la novela policíaca. En busca del asesino, con la sospecha que los terrestres tienen sobre los robots y los espaciales, Baley y R. Daneel seguirán las pistas mientras nos muestran como es la vida en las Ciudades terrestres.

La intención de la pareja para Asimov es evidente. Demostrar las ventajas que tiene el uso de un robot como R. Daneel, pero también difuminar la barrera entre humanos y robots, al darle a Daneel una apariencia humana. Y sobre todo, demostrar como el ser humano es capaz de luchar contra los prejuicios. Elijah es un terrestre, y sufre todos los traumas sociales de los terrestres, entre ellos sus prejuicios ante los robots y su agorafobia. Sin embargo, demostrará que se pueden combatir todos esos prejuicios. Los humanos podemos superar nuestros límites. Elijah desarrollará una relación de amistad con R. Daneel que se desarrollará más aún en la continuación El sol desnudo.

Necesitamos el espacio

Asimov centra la decadencia de los terrestres en haber abandonado el espacio a los espaciales y en su rechazo a la tecnología. Desde luego, reconocía que consideraba que las ciudades del futuro serían bajo tierra. Él mismo tenía agorafobia. Trantor, la futura capital del Imperio galáctico era un planeta cubierto por completo por esas bóvedas de acero, salvo los jardines del Palacio Imperial.

Pero trazaba una metáfora entre esas cuevas de acero y la comodidad del útero materno. Igual que el ser humano debe de nacer, como especie, para desarrollarnos, debemos abandonar la Tierra. No será el único libro en el que trace estas ideas. En El fin de la Eternidad también estará presente. Para Asimov, si no conquistamos el espacio, no nos desarrollaremos como humanidad.

Medievalismo y prejuicios

Las sociedades en crisis suelen mirar hacia atrás, hacia un lejano y mítico pasado. Para los regímenes fascistas, ese pasado se convertía en una justificación para su política presente. Así Mussolini reivindicaba al Imperio romano, Hitler a los nibelungos y Franco a los Reyes Católicos. Pero aunque soy partidario de no olvidar el pasado, si sólo miramos atrás es porque no tenemos confianza en el futuro.

La frase de "cualquier tiempo pasado fue mejor" es profundamente errónea y sólo refleja que vivimos en una sociedad que en muchos terrenos está fracasando. Cuando escribía Asimov, mucha gente temía el desarrollo tecnológico, pero el problema no era (ni es) la tecnología en si misma, sino el uso que se le da. Asimov soñaba con usar la energía nuclear para viajar por el espacio, no para destruir ciudades enteras. Así los robots no tenían que servir para dominarnos, sino para liberarnos.

Pero Asimov siempre sería un gran optimista. No es casualidad que creara un personaje como Elijah Baley. La sociedad está muy mal, estamos enfermos, en crisis, sin ilusión en el futuro... pero siempre podremos salir adelante. Y es lo que hace Elijah. Sus seguidores serán los responsables de la nueva oleada de colonización que dejará atrás a los espaciales y forjarán el Imperio galáctico.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído Las bóvedas de acero? ¿Qué te ha parecido?

PD: Aunque originalmente no creo que fuera la intención de Asimov, décadas después de haber escrito la novela, Asimov vinculó las historias de robots a la saga de la Fundación. ¿Quién soy yo para contradecir al autor?

Ficha del libro:

Las bóvedas de acero

  • Título original: The caves of steel
  • Autor: Isaac Asimov
  • Fecha de publicación: Como serie de tres relatos en 1953, como libro en 1954.
  • En España: Alamut, ISBN 9788498890822
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