Solaris, los límites de la humanidad

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Hoy quería escribir sobre una de las mejores novelas europeas de ciencia ficción: Solaris del escritor polaco Stanislaw Lem. Tres veces ha sido llevada al cine. Pero al menos en la versión de Soderbergh se olvidan de uno de los principales protagonistas del libro, el propio océano Solaris. No he visto las dos previas películas soviéticas, aunque la critica habla muy bien de la de Tarkovski. Tendremos que verla. De todas formas, el libro me ha parecido una genialidad, muy interesante y con muchas lecturas.

Solaris casi podría  considerarse un tratado sobre la humanidad y nuestro lugar en el cosmos. Sobre lo que nos hace humanos, pero también  los límites  del antropocentrismo. Lem nos explicará que, en nuestra soberbia, seguimos siendo unos ignorantes. Pero, a la vez, tenemos un universo infinito, lleno de descubrimientos extraordinarios, que nos aguarda para que así nos conozcamos mejor,  como especie y como individuos.

¿De qué trata Solaris?

Kris Kelvin es un psicólogo que viaja a la estación de observación del misterioso planeta Solaris. Este planeta es un enorme enigma que durante décadas cautivó a la comunidad científica. Aunque en estos momentos, los solaristas -científicos que investigan el planeta- son ya muy pocos y el interés está en franco retroceso. El planeta está cubierto por un océano que parece tener vida propia. Su propia existencia impide que Solaris colapse en su órbita inestable entre una estrella binaria.

Pero además, el océano parece interaccionar con los observadores y provoca impresionantes formas capaces de imitar construcciones humanas. Mayoritariamente se ha establecido que el océano de Solaris es un ente vivo e inteligente, pero hasta el momento no se ha logrado establecer ninguna forma de comunicación con él.

La llegada de Kelvin a la estación no podría darse en peor momento. Uno de los solaristas, Gibarian, amigo personal de Kelvin, se ha suicidado y los otros dos científicos se han abandonado, uno de ellos incluso está recluido y se niega a hablar con el psicólogo. Pronto Kelvin conocerá en sus propias carnes los efectos que Solaris ha provocado a sus observadores. En concreto, a través de la materialización de su esposa Harey, fallecida tiempo atrás, víctima de un suicidio.

Harey y lo que nos hace humanos.

Harey es una protagonista central de Solaris. Por dos motivos. Primero porque a lo largo de su desarrollo, nos hará cuestionarnos la verdadera esencia de lo que significa ser un humano. Pero también por la interesante evolución que provoca en Kelvin. Efectivamente, Harey es producto de Solaris. No se trata de la reencarnación o resurrección de la verdadera Harey, muerta hace años en la Tierra. Se trata de una construcción realizada por Solaris usando los recuerdos de Kelvin.

Así, la memoria de Harey no va más allá de lo que Kelvin le ha dado, e incluso conoce cosas que la Harey original no podía conocer. Sin embargo, pronto se da cuenta de que algo va mal. De que ella es y no es Harey. Y aprende. Aprende sufriendo, con un gran dolor. Además, no logra apagar ese dolor, porque al menos mientras esté cerca de Solaris, no puede morir pese a que sus tendencias suicidas siguen presentes, plasmadas en los recuerdos del modelo por el que ha sido construida.

¿Ella es humana? Objetivamente no lo es. Es una construcción de Solaris. Ni siquiera su composición química es humana. Pero es un cuerpo que siente, que padece. Es desde luego inteligente, porque aprende. No es la verdadera Harey, pero está viva. Es desde luego un planteamiento que va más allá del cuestionamiento de la humanidad que se hace en Blade Runner, por ejemplo. Ya no se trata siquiera de una entidad artificial creada por los humanos. Se trata de una entidad que no es independiente, que depende de los recuerdos del anfitrión, creada por otra forma de vida completamente ajena a la humanidad. ¿Qué es entonces Harey?

Solaris

Kelvin y lo que nos hace humanos

Había una última palabra, tachada, pero alcancé a ver que ella había firmado: Harey.

Siendo psicólogo de profesión, no deja de ser muy interesante la evolución que siente Kelvin hacia Harey. Además, pronto comprobaremos que los otros científicos de la estación pasaron por desarrollos similares, con resultados diferentes, como muestra de la individualidad humana. Así Gibarian se ha suicidado, incapaz de asumir la experiencia de Solaris. Snaut y Sartorios responden de otras formas distintas. Cada uno con su propio matiz. A los tres, Solaris les había recreado personas muy importantes de sus recuerdos.

La primera reacción de Kelvin con Harey será negarla, e incluso expulsarla de la estación. Pero al reaparecer ésta, se irá desarrollando una relación muy especial entre los dos. Harey no puede separarse de Kelvin, depende de él, pero, como hemos señalado, comienza a comprender que no es la verdadera Harey. Kelvin, de comprender que no es la verdadera Harey pasará a enamorarse de ella, hasta el punto de cuestionarse el huir de Solaris con ella. Pero él sabe que es una producción de Solaris, sabe que no es la verdadera Harey. Y sin embargo, sus sentimientos cada vez están más y más presentes.

Solaris, otra forma de vida

Pero el verdadero protagonista no es Kelvin o Harey, es Solaris. Una entidad que se considera por los humanos como "viva", sea lo que eso realmente signifique, e "inteligente". Son realmente interesantes las páginas en las que, por un lado, Kelvin lee o rememora la historia de la investigación de Solaris. Así como las vívidas descripciones de los acontecimientos que suceden en Solaris. Cada una de sus extrañas creaciones, fenómenos únicos del planeta.

Pero como más arriba señalé, ante la incapacidad de la ciencia humana por comprender y comunicarse con Solaris, la solaristica está casi abandonada. La humanidad se ha rendido ante algo que desconoce. El problema al que se han enfrentado los científicos desde que descubrieron este asombroso planeta, es que han tratado de analizarlo y estudiarlo desde la óptica humana, desde una posición antropocentrista.

El antropocentrismo en la ciencia

No fue un proceso consciente ni premeditado, pero sus cerebros estaban moldeados por milenos de creencias de que la vida es la de la Tierra, de la forma en que se ha adoptado en la Tierra. Y que el ser humano es un ejemplo de vida inteligente. Así, todo estudio de Solaris siempre se basaba en comparaciones con lo conocido, con los océanos terrestres, con la vida en la Tierra, con la inteligencia humana... Pero Solaris es completamente diferente a todo eso.

De hecho, si hacemos un repaso a la historia de la ciencia ficción, la vida alienígena siempre ha tenido características humanoides. Ya fueran bípedos, capaces de hablar con nosotros, o incluso, si la imaginación del autor le ha llevado a describir un ser muy extraño y peculiar, éste se ha seguido moviendo por sentimientos o impulsos propios de la vida en la Tierra, ya fuera la supervivencia, el odio, o el ansia de poder, dependiendo del monstruo del momento. Nos cuesta mucho situarnos en un escenario que rompa con nuestro antropocentrismo.

La comunicación entre especies

En La historia de tu vida de Ted Chiang (que sirvió de inspiración a La llegada), por ejemplo, los aliens son muy interesantes, porque por ejemplo tienen un movimiento temporal completamente diferente al humano y los problemas de comunicación son inevitables y complejos de resolver. Pero al final la comunicación es posible, porque ambas especies son inteligentes y, sobre todo, hay elementos en común. Y esa comunicación sólo es posible si hay algo común, algo que se puede compartir entre especies.

¿Pero si no tenemos nada en común? ¿Qué tienen en común los humanos que observan Solaris y Solaris? Así, ninguno de los científicos son capaces de saber si los visitantes que envía el planeta son una forma de comunicación, un regalo del planeta, una burla, una forma de tortura. O si ni siquiera el planeta se rige por esas clasificaciones y consideraciones.

Y la desmoralización científica

Yo no creía, sin embargo, en la retirada como solución. La existencia del coloso pensante no dejaría de atormentar a los hombres. Aun cuando el hombre hubiese explorado todos los rincones del cosmos, aun cuando hubiese encontrado otras civilizaciones, fundadas por criaturas semejantes a nosotros, Solaris seguiría siendo un eterno desafío.

Siempre que se ha descrito el avance científico, éste se ha mostrado como una línea ascendente. Puede haber momentos de estancamiento o de parálisis, incluso de decadencia, pero siempre como producto de factores externos: guerras, cambios sociales, fuerzas reaccionarias... La sociedad terrestre descrita en Solaris es una sociedad muy avanzada, capaz de viajar por las estrellas y construir estaciones de observación de planetas lejanos.

Pero resulta muy interesante el que los científicos se aburrieran de Solaris. No sólo reconocían su incomprensión, sino que habían tirado la toalla. La soberbia de la ciencia humana, ante un obstáculo que no se ajusta a los parámetros establecidos, se derrumba y abandona. Es un comportamiento muy humano, sin embargo, choca al proceder de la imagen del científico que se empeña en continuar con sus investigaciones. Aunque la prueba de que el abandono no es absoluto es la propia estación de observación y la propia aventura de Kelvin, el libro deja muy claro que la humanidad en su conjunto se ha cansado de Solaris y de su incapacidad para comprenderlo.

Pero el cosmos es infinito

Y ante tantas dudas, ante tantas incertidumbres, Solaris es optimista. El libro, por supuesto, no resuelve la verdad sobre Solaris. No resuelve cómo comprender o cómo comunicarnos con él. Pero ¿debemos avergonzarnos de nuestro desconocimiento? Sin duda ese desconocimiento siempre ha sido el motor que ha impulsado nuestros avances. "Sólo sé que no sé nada" se supone que dijo Sócrates en algún momento de su vida. Las sociedades que caen en la arrogancia y piensan que lo saben todo son pasto de la decadencia y la parálisis.

Realmente, Solaris nos está diciendo que el universo es infinito y que existen infinitas cosas que desconocemos. Pero nos encontraremos con ellas, y nos costará comprender muchas de éstas realidades. Y tendremos que cambiar nuestra forma de pensar, y tendremos que tumbar paradigmas que dominan nuestra mentalidad. ¡No es eso maravilloso! ¡No es todo un estímulo para la humanidad!

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído Solaris? ¿Qué te ha parecido?

Ficha del libro:

Solaris

  • Autor: Stanislaw Lem
  • Fecha de publicación: 1961
  • En España: Impedimenta, ISBN 9788415130093

 

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Un comentario sobre “Solaris, los límites de la humanidad

  • el 3 noviembre, 2018 a las 10:20 am
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    Tengo una relación de amor y odio con Lem, he leído muchos de sus libros pero este aún no. Pero como lo describes puedo ver que es su típico estilo que te deja pensativo y no muy claro de cual ha sido el objetivo del autor. Y creo que eso es preciso lo que Lem desea que sintamos alterminar su libro.

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