Gabriel, el robot sin leyes de la robótica

Si te ha gustado, comparte:

Tenía ya previsto realizar esta entrada sobre Gabriel desde hace tiempo. Sin embargo, y, en esta ocasión muy a mi pesar, los acontecimientos me han superado. El pasado 2 de noviembre nos dejó Domingo Santos, el verdadero abuelo de la ciencia ficción en España. Fue escritor, traductor y editor de ciencia ficción y el desarrollo del género en nuestro país no se puede entender sin su figura. Nos apena muchísimo su pérdida. El mejor homenaje que podemos hacer desde Thalassa es retomar nuestros planes y hablar de una de sus obras más significativas. La historia de un robot.

Gabriel, historia de un robot, fue publicado en 1962, aunque posteriormente el autor reescribió algunas de sus partes en un texto llamado Gabriel revisitado. En principio he leído la historia original. Sin duda, cuando Domingo Santos escribió este libro estaba muy influido por la obra de Isaac Asimov. Se puede decir que Gabriel es un desarrollo de los postulados de Asimov sobre los robots. Pero es un desarrollo, en su época, original. De hecho, Gabriel rompe con las premisas de su maestro. Las rompe y las anticipa, me explico:

Asimov, las leyes de la robótica y la ley Zero

En mi entrada sobre las Bóvedas de acero, la primera novela de robots de Isaac Asimov, hablé de las tres leyes de la robótica. Estas leyes, formuladas magistralmente por Asimov en 1942, fueron puestas en cuestión sistemáticamente en sus obras sobre robots, tanto sus relatos como sus novelas. En estos textos, se plantean supuestos en los que aparentemente los robots han incumplido alguna de las leyes, para a continuación demostrar que no era así. Incluso en el relato Pequeño robot perdido de 1947, incluído en Yo, robot, un robot fue fabricado con una leve modificación de estas leyes.  Esta alteración causa importantes efectos y modificaciones en su conducta. Asimov, en esta época, tenía claro que sólo la mano humana, al fabricar un modelo sin las tres leyes, podía provocar un comportamiento descontrolado en un robot.

Asimov dedicó las décadas de los 60 y los 70 a reflexionar sobre numerosos asuntos que le mantuvieron prácticamente apartado de la escritura de ciencia ficción. Y cuando retomó la escritura de ciencia ficción en los 80, ya no estaba completamente convencido de que las tres leyes fueran completas y adecuadas. Así, en sus últimas novelas, Asimov plantea dos ideas muy importantes con respecto a los robots.

Por un lado, señala la posibilidad de que las leyes de la robótica pudieran no cumplirse. Pero no porque éstas estuvieran modificadas, sino porque el programador definiera con ambigüedad calculada o con malicia, conceptos vitales como el de "ser humano". Y, por otro lado, también plantea la Ley Cero de la robótica, desarrollada por los propios robots, que han llegado a la conclusión de que el que debería de ser su verdadero objetivo, ayudar y proteger a la humanidad en su conjunto, entra en contradicción con las tres leyes tradicionales.

Los robots en Gabriel

En 1962 la validez de las tres leyes de la robótica estaba fuera de toda duda. Pero Domingo Santos las quiso cuestionar. Por un lado con un robot construido sin estas leyes: Gabriel. Y sin embargo, pese a no contar con el corsé de las tres leyes, Gabriel, por sí mismo, anticipará la futura Ley Cero. Así, para Gabriel el objetivo de su existencia es proteger a la humanidad. Un objetivo por el que subordinará todo lo demás. Así Gabriel llegará incluso a cometer asesinatos, algo en principio, impensable para un robot programado con las tres leyes.

Pero además, Gabriel pondrá de manifiesto que los robots programados con las tres leyes han dejado de emplearlas. La explicación es sencilla y coherente. En la dinámica de su uso y empleo cotidiano, incluso abusivo, en parte debido a la negligencia de los propios humanos, en parte por los fallos de las propias leyes, y también, por ese uso y abuso, los robots llevan a cabo operaciones que contradicen las leyes, obviando el propio robot éste hecho.  El ejemplo más claro es el uso de los cerebros militares. Los generales les piden respuestas militares en base a formulaciones de potenciales, probabilidades, mejores resultados... aunque la ejecución de esas respuestas suponga la guerra y el asesinato de millones de seres humanos. El cerebro simplemente omite que su respuesta tenga como conclusión la muerte de seres humanos y, por tanto, el incumplimiento de la Primera Ley.

La decadencia de la humanidad

Gabriel, el mensajero de Dios, es un robot experimental construido por  Gabriel Villalcazar. Es construido sin las tres leyes de la robótica y su creador está convencido de que su creación trasciende el concepto de robot. Gabriel nace, en principio, plenamente formado y con acceso a toda la información necesaria. Combina un cerebro lógico, pero sin las reestricciones de la leyes, con un cuerpo mejorado, sin las reestricciones propias de un ser humano, pero con una apariencia física capaz de hacerle pasar por uno de nosotros.

Pronto Gabriel de dará cuenta de que la humanidad ha llegado a un callejón sin salida y que se aproxima a su aniquilación. Por un lado por la excesiva dependencia del uso de los robots. La humanidad ha cedido el gobierno del mundo a los cerebros electrónicos. Se ha acomodado, ha perdido la iniciativa y la inventiva. Domingo Santos traslada el callejón sin salida de los espaciales de Asimov a la propia Tierra.

Pero además, un conflicto a punto de eclosionar puede suponer la destrucción de la humanidad. Los habitantes de la Luna, los selenes, aspiran a su independencia de la Tierra. La Tierra no lo consentirá debido a la gran dependencia que tiene de los recursos minerales lunares. Además, los cerebros electrónicos, tanto el de la Tierra, como el de la Luna, demostrando cómo incumplen las leyes de la robótica, han aconsejado lanzarse a la guerra porque cada uno considera que tiene más posibilidades de vencer.

Los errores de Gabriel

Gabriel llegará a la conclusión de que tiene que evitar esa guerra. Llevado por ese objetivo se escapará de las instalaciones donde le han fabricado y viajará hasta la Luna para convencer a los selenes de que no declaren la independencia. Gabr

Pero una vez que llega a la Luna, Gabriel comprobará que no es tan perfecto como él mismo creía. Comprobará que tiene sentimientos, algo que su naturaleza de robot, en principio, contradecía. Pondrá en duda su propia naturaleza. Y descubrirá que no comprende realmente a los humanos. Que no lo sabe todo. Que necesita aprender y madurar. Estos factores le llevarán a cometer importantes errores que acercarán aún más a la humanidad a su autodestrucción. Llevándole finalmente a una disyuntiva que en ambos sentidos supone la guerra y la muerte de millones de humanos.

Al menos en ese viaje Gabriel comprenderá su verdadera naturaleza.

Gabriel-Villalcazar

Nacer, crecer, desarrollarnos y equivocarnos

Un punto que creo muy interesante en Gabriel es el desarrollo del protagonista, del robot sin leyes de la robótica. Villalcazar creía que al construirlo completo, con toda la información y formación, desde el principio sería adulto, consciente de lo que es realmente. Es lo que en principio parecería más probable en una inteligencia artificial. Es programada, tiene acceso a toda la información necesaria. Sin embargo, ahora sabemos que la inteligencia artificial, aunque desde el primer instante carguemos toda la información en su memoria, requerirá de un proceso de aprendizaje. Irá aprendiendo. Irá desarrollándose.

Así le sucede a Gabriel. Él cree que lo sabe todo. Pero su viaje le forzará a conocer sus limitaciones. A reconocer que no comprende a las masas humanas. Y finalmente a darse cuenta de que no es un robot, tal y como él mismo pensaba que era. En ese proceso, como hemos comentado, cometerá errores. Y es que el desarrollo de un humano se nutre precisamente de cometer errores. Es como aprendemos. Por supuesto, recibimos formación teórica y práctica, en la forma de la familia, los amigos, la escuela... pero el bebé necesita caerse, el niño necesita meter la pata, el adolescente necesita hacer tonterías y el adulto necesita cometer graves errores. Durante toda nuestra existencia no dejamos de aprender y siempre es a través del ensayo y el error.

Los selenes y las masas

No quiero terminar sin entrar en la parte, sin duda, más polémica del libro. Se trata de la relación entre Gabriel y los selenes.

Ciertamente la masa humana no actúa igual el individuo humano. No somos iguales cuando formamos parte de un colectivo más o menos amplio que cuando sentimos y razonamos de manera aislada. Lo podemos comprobar en muchas ocasiones porque no siempre la masa se convierte en turba. En Gabriel sólo vemos la transformación en turba. La masa selene se convierte en una turba nacionalista e incluso racista contra los terrestres. Y actúan de manera brutal y bárbara. Desgraciadamente, pienso que, si bien eso sucede, no existe sólo esa transformación. Muchas veces el cambio de individuo a masa es sorprendentemente positivo. Podemos pensar en las acciones solidarias masivas, cuándo sucede alguna desgracia, catástrofe natural, humanitaria. Miles de personas reaccionan como un sólo hombre, sacando lo mejor de cada uno.

Otro ejemplo: una huelga o una lucha colectiva. Muchos trabajadores en el día a día no se tratan. Discuten, e incluso buscan siempre una salida individual a sus problemas. Pero cuando en su empresa se declaran en huelga, los que participan en distintas acciones, piquetes, o manifestaciones sufren una transformación. Entonces actúan como grupo. Se ayudan, se solidarizan los unos con los otros. No quiero idealizarlo porque siempre hay excepciones, pero es sorprendente como ciertamente se produce este cambio.

Los selenes y la independencia

Estoy en contra de las fronteras. De todas las fronteras. Pienso que en un mundo en que ya somos conscientes de que todos somos humanos y en el que las relaciones económicas y culturales ya son en gran parte globales, la frontera y el Estado nación es una herencia que se resiste a desaparecer. Pero la unidad de la humanidad sólo podrá ser voluntaria. Sin opresiones ni imposiciones. Mientras no sea así, la opresión inevitablemente alentará la separación.

Es curioso el rechazo manifiesto de Gabriel a la independencia de los selenes. El libro carga toda la responsabilidad de una futura guerra a los habitantes de la Luna. La única forma de evitar la guerra, insiste el robot una y otra vez, es evitando la independencia y rindiéndose a la Tierra. No siempre la ciencia ficción ha tratado de esta manera a los movimientos de emancipación nacional. En Desafío Total, las simpatías están claramente del lado de los separatistas marcianos, que luchan contra la dictadura fascista terrestre. En Babylon 5, los protagonistas llegan a declarar la independencia de la Tierra también para no reconocer al gobierno golpista -también de carácter fascista- de la Tierra.

La sorpresa de Gabriel es mayúscula al comprobar que el libro está escrito en medio de los movimientos de emancipación colonial de África y Asia.

Separar para unir

Sólo en 1960, 17 Estados africanos consiguen la independencia. Es verdad que la mayoría de estos países ex-coloniales no han logrado acabar con las grandes lacras heredadas del dominio colonial. Sus economías siguen en manos de las multinacionales y sus gobiernos son corruptos, dictatoriales e incluso genocidas. Son en general, pueblos muy pobres, divididos en etnias y grupos religiosos enfrentados. Arrasados por la explotación y las enfermedades.

Pero ¿debían de seguir estos pueblos gobernados por las autoridades europeas? Las propias potencias comprendieron que no podían mantener su dominación. Y allí donde trataron de forzarla, como en Argelia o Angola, la metrópolis fue derrotada. Quizás el problema de muchos de estos países es que los mismos grupos que dominaban la economía durante el período colonial, lo haciendo después de la independencia, ya no a través del gobierno europeo, sino a través de sus propios títeres africanos. Pero sin duda, éste es otro asunto.

El sentimiento nacional es muy complejo y un tema muy vigente en España. Soy de la opinión de que un pueblo, con conciencia de sí mismo, no puede ser obligado, indefinidamente, a pertenecer a un Estado del que no desea formar parte. Y las porras, los presos y los prejuicios y estereotipos no ayudan a fomentar la convivencia. En lo personal rechazo todo nacionalismo, toda exaltación de una nación sobre otra, pero creo que siempre es mejor un divorcio civilizado y amistoso que un matrimonio forzado por la obligación. Un divorcio amistoso ayudará a criar a los hijos e incluso a construir una relación de amistad entre la expareja. Un matrimonio forzado terminará con acusaciones graves, insultos, juicios y pleitos y odio irracional. Y lo que vale para las parejas, creo que también vale para los pueblos. A veces, para unir, es necesario primero permitir la separación.

Suscribo una de las frases presentes en el libro. La conclusión a la que llega Gabriel, ya liberado de sus limitaciones robóticas, cuando comprende lo que ha sucedido:

El hombre es libre. Tiene derecho a elegir por sí mismo su propio destino. No puede coaccionársele, ni obligarle a elegir una senda que él no desee seguir. Es libre. Libre.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído Gabriel? ¿Qué te ha parecido?

Gabriel-cover

Ficha del libro:

Gabriel. Historia de un robot

  • Autor: Domingo Santos
  • Fecha de publicación: 1962.
  • En España: descatalogado. Edición más reciente: Producciones editoriales, ISBN 9788436506433.
Si te ha gustado, comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.