Sunshine, el héroe imperfecto que se enfrenta al Destino

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La ciencia ficción no tiene por qué ser un tratado de ingeniería y astronomía. Sí existe la ciencia ficción hard, donde el realismo científico de los argumentos son esenciales. Pero hay grandes producciones del género que se han alejado de la estricta «verdad» científica. Sunshine está a medio camino. Su premisa es completamente acientífica. Pero, en gran parte de su desarrollo, se ha cuidado, y mucho, la plausibidad de lo que nos muestran. De hecho, la ciencia, el conocimiento, es protagonista de la película.

Y es que, en definitiva, como muchas veces sucede en nuestro género, Sunshine es una metáfora. En este caso, Danny Boyle (Trainspotting, 28 días después…) nos muestra un enfrentamiento histórico, ya presente en las mejores tragedias griegas, entre la humanidad y el Destino.

Viaje al Sol para salvar la vida

El Sol se muere. Los científicos han detectado que, de manera irreversible, nuestra estrella se apaga. La vida en la Tierra está condenada. Pero hay una pequeña esperanza. Se cree que una explosión nuclear provocada en la estrella podrá alargar las reacciones nucleares que se producen en el Astro Rey.

Hace siete años se envió una nave con el objetivo de provocar esta explosión, la Icarus I. Sin embargo, la misión fracasó sin que se sepa qué es lo que pudo fallar. Ahora se envía la Icarus II. Es la última oportunidad, porque para construir la bomba atómica salvadora, se ha empleado todo el material radiactivo que existía en la Tierra. No habrá una tercera oportunidad.

En el viaje, hay una frontera de la que ya no hay vuelta atrás. La Zona Muerta. Por los efectos que provoca el Sol, a partir esa línea imaginaria ya no puede haber comunicaciones con la Tierra. Estarán solos en la misión. Y la tripulación dependerá sólo de ellos mismos para conseguir salvar a la humanidad.

Es verdad, Sunshine se equivoca: El Sol será una gigante roja

Sí, sí… la premisa de la película es falsa. Al menos según lo que sabemos hasta ahora. Al Sol le quedan varios miles de millones de años de existencia en su actual estado. Y antes de apagarse comenzará a expandirse convirtiéndose en una gigante roja. Antes de morir de frio, moriremos achicharrados, seguramente engullidos por nuestra estrella.

Pero es una licencia para poder contarnos una buena historia. Además, hay fenómenos físicos que, aún no conocemos o hemos malinterpretado. Por ejemplo, Arthur C. Clarke se basó en unos datos sobre los neutrinos que posteriormente se refutaron, para explicar el fin de la vida en la Tierra en su genial novela Canticos de la lejana Tierra. ¡Y no pasa nada!

Por lo demás, la película cuida bastante bien el sustrato científico. El interior del Icarus II se parece mucho a la Estación Espacial Internacional, algo factible teniendo en cuenta que la película transcurre dentro de unos 50 años. Además, para generar oxígeno disponen de un jardín/invernadero, una idea avalada por la ciencia. Y siguiendo con el desarrollo de la nave, cómo se resuelve la protección frente al propio Sol, con un tremendo escudo, es muy interesante.

Punto y aparte es el apartado visual del film. El espectacular y omnipresente Sol. Dador de vida y de muerte. Y los contrastes brutales entre la luz abrasadora y la oscuridad.

Sunshine

Ícaro y Dédalo

Ícaro era el hijo de Dédalo, el arquitecto del célebre laberinto de Creta. Su padre fabricó dos pares de alas para que ambos pudieran escapar de la isla. Pero en la travesía, el hijo desoyó las advertencias del padre: Se acercó al Sol y la cera que unía las plumas de las alas se derritió. Ícaro se precipitó en el mar.

El mito de Ícaro señala la alocada arrogancia de la juventud, frente a la sabiduría de la experiencia. Pero también nos muestra la osadía del hombre. Empleando la tecnología somos capaces de enfrentarnos al orden divino. Dédalo logró la proeza de volar, algo para imposible para el hombre sin emplear la tecnología. Y el Destino castigó su usodía haciéndole perder a quien más quería, a su propio hijo.

Y esta segunda interpretación nos vincula con Sunshine. La humanidad se enfrenta, empleando la ciencia, a nada más y nada mejor que al dios Sol, una de las deidades más poderosas de las religiones antiguas. Y al Destino, porque Sunshine nos recuerda que, incluso aunque la humanidad no termine consigo misma, la Naturaleza nos tiene preparado un final apocalíptico.

Biopunk y optimismo científico

Todo lo que conocemos tiene un principio y un final. El Sol y la Tierra tendrán su final y, por tanto, la vida tal y como la conocemos en el Sistema solar terminará. Pero es verdad que el uso irresponsable de nuestra tecnología nos está llevando a una posible catástrofe ecológica provocada por nosotros mismos. Millones de años antes de que el Sol se convierta en una estrella roja. Parece que ya pasó el tiempo de la posible destrucción atómica, pero tenemos el calentamiento climático, la contaminación, la desforestación, la extiención de especies animales… Realmente es el egoísmo humano lo que nos empujar a nuestra propia destrucción, pero podría pensarse que es el uso de la tecnología.

Todos estos riesgos están muy presentes en la ciencia ficción. En el subgenero del ciberpunk, y de manera más específica en el sub-subgenero del biopunk (ver La chica mecánica, por ejemplo), el futuro de la humanidad se enfrenta a un desastre ecológico provocado por nosotros mismos.

Soy muy consciente de los grandes riesgos a los que se enfrenta la humanidad. Son peligros muy reales que pueden destruir nuestra civilización. Pero los que leéis mis entradas sabéis que soy condenádamente optimista. Estoy convencido de que la humanidad logrará enfrentarse a sus demonios y, precisamente, lo haremos gracias a la tecnología y a la ciencia.

Sunshine es de esta misma opinión. En Sunshine, la tecnología es, precisamente, nuestra única esperanza frente a un Destino inevitable, orquestado por la Naturaleza. Es optimista hasta el punto de que la bomba atómica, representación del mal y la destrucción por escelencia durante la Guerra fría, pero maravilla científica al fin y al cabo, se convierte en nuestra única esperanza.

Ciencia, Destino y heroicidad

Y es que en Sunshine el conocimiento es positivo. No es una puerta al Infierno, como sucede en Horizonte final. Una grandísima película con similitudes con Sunshine, pero con una filosofía sobre el conocimiento diametralmente opuesta. En Horizonte final el conocimiento nos lleva a la perdición. En Sunshine es lo único que nos puede salvar.

De hecho, ¿quién es el antagonista de la película? Se podría decir que el capitán Pinbacker. Pero este pobre hombre no es más que el mensajero. Ha enloquecido al mirar al Sol (al contemplar el rostro de Dios). Lucha contra la misión porque el Destino ha querido que le llegue la hora a la humanidad. Dios lo ha querido y los humanos no somos nadie para torcer su voluntad.

La religión, el Destino, Dios… el misticismo nos condena. La ciencia, el conocimiento y nuestra voluntad… nos salvará. Como decía al principio, una historia muy antigua.

Los héroes griegos, por ejemplo, eran imperfectos, egoístas, iracundos (recordemos la ira de Aquiles). Los dioses jugaban con ellos. Los héroes se resistían, pero nadie podía escapar al Destino, a las Moiras… Ni siquiera los propios dioses escapan al Destino. Recordemos que el Sol era la principal deidad de muchas de las religiones antiguas, y no puede escapar a su destino: Extinguirse, apagarse…

Pero con la ciencia, estos héroes imperfectos, los humanos, podemos por fin derrotar al Destino. Somos egoístas muchas veces. Capaces de cometer los errores mas burdos, como sucede en la película. Pero, en ciertas circunstancias, sacamos de nuestro interior lo mejor. Nos transformamos en héroes. No los héroes acartonados de Hollywood, sino héroes humanos. Imperfectos, dubitativos. Reales.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Sunshine? ¿Qué te ha parecido?

Sunshine cubierta

Ficha de la película:

Sunshine

  • Director: Danny Boyle
  • Fecha de estreno: 2007
  • Productora: DNA Films y Moving Picture Company
  • Mejor película independiente británica en su apartado técnico en 2007.

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6 comentarios sobre “Sunshine, el héroe imperfecto que se enfrenta al Destino

  • el 27 enero, 2019 a las 7:29 pm
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    Sí, vi la película en su día, pero no le di mayor importancia, en su momento me pareció una obra menor que trataba de seguir la estela de Horizonte Final (aunque ésta última encaja más en el género del terror que de la ciencia-ficción). Quizás vuelva a darle otro visionado, pero no me pareció que fuera más allá del mero divertimento, la verdad sea dicha.

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  • el 13 abril, 2019 a las 1:01 pm
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    Excelente entrada. Recuerdo haberla visto tiempo atrás y me gustó bastante. Nunca entendí porqué tanta crítica hacia la película

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  • el 13 abril, 2019 a las 2:47 pm
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    Es un enorme película. La vi en cine sin mayores expectativas y me enloqueció. La compré en DVD y la vi varias veces más. Una de las mejores de Boyle, sin dudas. Estética, actoral y políticamente impecable, una fotografía tremenda y efectos visuales y sonoros que suman muchísimo. Me gusta mucho la lectura que hacés sobre el optimismo tecnológico, con la que coincido plenamente. En ese sentido es como Evangelion: si Dios manda ángeles para eliminar a la raza humana ahora nos podemos parar de manos gracias a la tecnología. Robots gigantes versus ángeles y veamos quién se la aguanta más. El hombre es un dios con prótesis, dice Freud, y gracias a la tecnología podemos hacer prótesis cada vez más poderosas. Además, el cruce CF/terror en clave Alien está muy logrado, jugando con la ceguera de la luz en vez de la de al oscuridad. Enorme película infravalorada.

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    • el 15 abril, 2019 a las 1:07 pm
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      Lamento discrepar, pero nuestra tecnología no puede parar (ni es rival) para el poder de los dioses, que al fin y al cabo, no dejan de ser la personificación que hacemos los humanos de los fenómenos de la Naturaleza, de las fuerzas del cosmos, propiamente dichas. Y basta un ejemplo, si hoy volviera a repetirse la erupción del Vesubio del 79 a.C que destruyó Pompeya, tanto Italia como la UE tendrían el mismo “poder” que la antigua Roma, es decir, contemplar impotentes como el volcán arrasa la ciudad de Nápoles y sus alrededores…y sin mucho tiempo para evacuarla, si se diera la erupción de la Edad del Bronce (la de todos los Campos Flegreos) afectaría a todo el sur de Italia…y si se diera (experemos que no) la supererupción que hubo hace 39000 años en la zona (y que, se sospecha, que fue una de las causas de la extinción de los neandertales) la devastación alcanzaría proporciones planetarias, devastando extensas áreas de Europa Oriental y parte del Asia Menor. Y es que, a pesar de toda nuestra tecnología, seguimos siendo insectos ante las fuerzas de la Naturaleza.

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  • el 19 abril, 2019 a las 4:51 pm
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    Todavía no podemos controlar la erupción del volcán, pero hoy se pueden hacer planes de contingencia imposibles en Pompeya, que limiten la cantidad de bajas humanas. Si un meteorito viene hacia la Tierra podemos hacer planes tipo Armagedon, etc. Por eso es interesante Sunshine, porque plantea la posibilidad humana de intervenir en algo de una dimensión tan aparentemente alejada de nuestro alcance como la vida de una estrella. Y, en el peor de los casos, frente a catástrofes masivas que plantearan la destrucción planetaria hoy podemos evaluar la colonización de otro mundo, algo impensado en otro tiempo. Es decir, la tecnología nos permite una posición subjetiva que no es la de víctima sin opciones de las decisiones divinas/naturales. Eso me parece un montón. Es la posibilidad de enfrentarse a Dios/la naturaleza, aunque pierdas, aunque no estés a la altura, etc. Pero ya la mera posibilidad de evaluar ese enfrentamiento es un cambio radical. Por supuesto que la cuestión es tecnología para qué, dominada por quién y al servicio de qué intereses. Porque así como hoy esas prótesis tecnológicas nos permiten pensar en enfrentarnos a los dioses, también el mal uso de la tecnología hace que nos estemos cargando el planeta. La discusión es política, al fin. De lo que estoy más o menos seguro es de que la posición tecnofóbica es reaccionaria y totalmente inviable. Ya no hay vuelta atrás. Por eso me interesa un montón la posición aceleracionista al respecto. Saludos.

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    • el 20 abril, 2019 a las 7:48 pm
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      Yo, en estos aspectos, tiendo a ser más escéptico, y, sospecho, que por mucho que avancemos, jamás tendremos una tecnología capaz de controlar los avatares y evolución de una estrella, o la téctonica de un planeta…podemos entenderlos y predecirlos, pero nada más. De igual modo, que las hormigas no lo han logrado a pesar de ser sociedades complejas durante millones de años, no lo lograremos nosotros. No es un problema de técnica, sino de escala.

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