El incidente, de Alejandro Fernández

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– ¡Nunca más tendremos que depender de La Tierra! ¡Seremos hombres y mujeres libres por fin! – exclamaba Andrew, subido sobre una de las mesas de la sala.

En ese momento, un profesor de Xenoingeniería y dos androides de seguridad cruzaron la habitación llena de alumnos.

– Señor Azrael, ¡baje de ahí inmediatamente! – el profesor Slimane le instaba a dejar sus consignas políticas, mientras la seguridad de la universidad despejaba el salón comunitario, haciendo retroceder a los estudiantes que escuchaban al activista.

Tras varios intentos de seguir con su discurso, Andrew prefirió terminar su protesta. Los jóvenes interesados ya habían sido retirados, y se exponía a que el catedrático aumentase los informes desfavorables en su expediente.

Andrew pertenecía a la Generación M2. Así se les llamó a los hijos con ambos padres marcianos, hijos de los primeros humanos que nacieron en Marte. Ésta, la Generación M, aún se consideraba muy arraigada a la Tierra, ya que sus progenitores procedían de allí y fueron criados adaptando su vida marciana a lo que conocían.

Los colonos de La Tierra y las Generaciones M y M2 se mezclaban y convivían aún con sus diferencias, incluso dando lugar a lo que se conocía como Generación MX. Un término coloquial y despectivo que describía a los hijos de padres que pertenecían a uno u otro planeta, con una mezcla de genes en su ADN mestizo.

Pero Andrew era uno más entre esos jóvenes. No fue el primero en nacer de sus coetáneos, ni siquiera el mejor en las promociones escolares. Aun así, Andrew se sentía con la capacidad y la obligación de liderar un gran cambio, hacer cosas importantes y conseguir una verdadera revolución en su planeta.

No aceptaba esa idea con la que les bombardeaban de forma constante, haciéndoles creer que lo que venía de La Tierra era mejor que lo que tenían en Marte. Odiaba que utilizasen el prefijo xeno– para lo que era propio del planeta en el que ahora vivían. Necesitaba crear un gran movimiento en Domos que creyese en una desconexión real con La Tierra, y comenzase a trabajar por un Marte pleno y autosuficiente.

En clase había conocido a los más preparados de su tiempo, y muchos de ellos apostaban por la misma idea que él. Otros tantos querían mantener su vínculo con los humanos terrestres, y sostenían que este planeta no podría sobrevivir de forma independiente.

A la salida de la universidad, Andrew viajaba al sur de la cúpula-ciudad, donde tenía una reunión con sus compañeras de proyecto. Buscaban la manera de transformar Marte (que no terraformar), para poder establecer bases y asentamientos a lo largo del planeta rojo. Esto era un paso más en su plan de desconexión con La Tierra.

Uno de sus objetivos más ambiciosos era el de establecer una estación industrial en Fobos. Esto, aparte de dotar a la sociedad de mayor independencia económica e industrial, serviría para tratar de lanzar un escudo magnético que redujese la radiación solar y permitiese la expansión de otras colonias más allá de Demos.

Apenas un par de jardines antes de llegar a su destino, una explosión sobresaltó a Andrew. Apagó su música y su mirada se dirigió al lugar de la deflagración. Se agarró a uno de los camiones de servicio que se desplazaban hasta allí y contactó con Sara, una de las activistas que trabajaba junto a él, para verse en la zona del incidente.

Cuando llegó a la plaza Boreal, siete androides de protección apartaban a la gente del fuego, mientras los vehículos autónomos apagaban las brasas que aún quedaban activas. Sara llegó apenas un par de minutos después, y se interesó por lo ocurrido.

– ¿Sabes qué ha pasado aquí? – Preguntó a Andrew – Solo he visto el humo cuando me has avisado.

–  Yo tampoco he visto nada, he oído la explosión y me he acercado. Allí hay un coche medio calcinado, pero no sé si ha sido un accidente o… algo peor.

Muchos en Domos sabían que los últimos cuarenta años habían sido tranquilos, pero que cualquier sociedad generaba delincuencia y terrorismo, en La Tierra, en Marte o en las lunas de Júpiter. Un acto de violencia demasiado grave, no resuelto por las autoridades, podría llevar a una escalada de la agresividad nunca antes vivida en el planeta rojo.

– ¿Qué sabes de este incidente? – Andrew se dirigió al dispositivo de su muñeca para descubrir que había pasado allí.

<<Se trata de un ataque violento a Patrick M. Jonhson, responsable de seguridad de la ciudad-estado de Domos. Condición: fallecido. Causado por un compuesto explosivo indeterminado, situado bajo su transporte. Una persona cubierta por completo, de género desconocido y unos 20 a 30 años, ha sido la causante del incidente>>.

Patrick Jonhson, además de responsable de los sistemas de seguridad de la ciudad, era uno de los principales defensores de la unidad Tierra-Marte como un complejo indivisible. Una muerte como la suya desestabilizaría la política de Domos, y tendría consecuencias por una y otra parte. Los geocentristas achacarían este ataque a los que buscaban la independencia total de Marte, y estos aprovecharían el momento para tomar las calles y adquirir más poder en las decisiones de la ciudad.

Andrew y Sara se alejaron del lugar para evitar conexiones con el atentado, y fueron a casa de la chica. En aquella situación, sabían que tomar el liderazgo de la revolución sería clave para conseguir su objetivo sin recurrir a un tipo de violencia como la que acababan de presenciar.

– ¿Estabas con Jana cuando te he hablado?

– No, hoy ha pasado todo el día en el laboratorio – Sara vio un aviso de Jana, al que no respondió por estar cerca de su destino. –  Supongo que ya se habrá enterado de esto.

Cuando llegaron al lugar acordado, allí estaba Jana. La Dra. Giedronowicz era la mayor de los tres. A nivel demográfico, formaba parte de la Generación M; aunque sus ideales estaban bastante alejados del globo terráqueo. Ella dejaba que Andrew fuese la cabeza visible del proyecto, aunque le encantaba tomar las decisiones desde la sombra.

– ¿Dónde estabais? Llevo un rato esperando.

– Perdona, ha sido culpa mía – se disculpó Andrew. – Me pilló cerca el atentado a Johnson y avisé a Sara.

– ¿Cómo? ¿Un atentado? – No, Jana no se había enterado – ¿A Patrick Johnson?

Sara asintió mientras pasaban al apartamento, su base de operaciones cuando no querían ir a algún sitio público. La doctora quiso saber más sobre el incidente, la condición de la víctima o si hubo más heridos, pero poco pudieron aportar los estudiantes.

Ese día tenían que empezar a plantear la estrategia que seguirían para movilizar a los habitantes de Marte que estuviesen a favor de la desconexión con La Tierra, pero el atentado cambió sus planes. No podían exponerse demasiado. Era el momento de pasar a un perfil más bajo.

– Deberíamos hablar con todos los que apoyen la separación. Ir formando una sociedad, una formación que nos ayude a crecer. Pero nada demasiado llamativo, debemos ser discretos.

Jana sabía que los próximos meses serían cruciales para el futuro del planeta rojo. Que la política y las calles se alimentarían del asesinato del burócrata, pero había que ser más inteligentes que eso. Tocaba remar, pero juntos y desde abajo. Tocaba luchar por Marte, pero con palabras y hechos.

Poco a poco irían contactando con muchos simpatizantes y ampliando su influencia. Entre los tres comenzarían un movimiento universitario que llevaría a cambiar sus vidas para siempre. El futuro de Marte no sería el mismo.

Alejandro Fernández Crespo
@AlexFdezCrespo
https://fdezcrespo.wordpress.com/

Thalassa, blog de ciencia ficción, apuesta por los escritores amateur de ciencia ficción y, por tanto, nos implicamos en difundir sus obras. Os presentamos, por eso, relatos de ciencia-ficción escritos por autores amateur que nos han enviado su obra para que la colguemos en el blog y la difundamos por las redes sociales. Esperamos que los disfrutéis y los compartáis.

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