Tiger! Tiger! Las estrellas mi destino

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Durante la segunda guerra mundial, el marinero chino Poon Lim sobrevivió durante 133 días al hundimiento de su barco en el Atlántico sur por un submarino nazi. Sobre un resto de madera, Poon recogía agua de la lluvia y pescaba. Sin embargo lo peor es que varios barcos pasaron cerca suya durante esos días. Ninguno le prestó ayuda creyendo que podría tratarse de una trampa. Solo al final, unos pescadores brasileños le rescataron. Esta historia inspiraría a Alfred Bester a escribir Las estrellas mi destino. También conocida como Tigre! Tigre! por el poema de William Blake con el que se abre la historia.

Alfred Bester había alcanzado la fama dentro de la ciencia ficción con El hombre demolido, genial libro sobre los poderes psíquicos. No es casualidad que, en su homenaje, en la serie Babylon 5 el agente más maquiavélico del cuerpo psíquico llevara su nombre. Las estrellas mi destino alcanza la genialidad de su primera novela. Estamos ante un texto que combina ironía, violencia, poesía, venganza y redención. Se la ha comparado con El conde de Montecristo de Dumas y es una firme precursora del cyberpunk.

Corporaciones y jaunteo

Nos encontramos en un mundo desgarrado por una novedad «tecnológica» que lo ha cambiado todo: el jaunteo. Un científico, durante sus investigaciones, se prende fuego por accidente. En su desesperación por alcanzar un extintor, realiza espontáneamente una teletransportación espacial, sin otra herramienta que su propia mente.

Éste no es el último, ni el primer, juego de contrarios del libro. Un científico que hace un «descubrimiento» acientífico por pura casualidad. Más adelante veremos un genial «pueblo científico», clave en el desarrollo de la historia, que es todo lo contrario a una comunidad científica e incluso es una degeneración absoluta de la misma… Y los ejemplos continuarán con todo tipo de personajes y situaciones curiosas.

Realmente, como hemos explicado, el jaunteo no es una novedad tecnológica. Pero los efectos sociales y económicos que provocará, se revelan tanto o más impactantes como los que tuvieron en su día avances como el ferrocarril o más recientemente Internet.

Así, esta nueva capacidad humana pronto se extiende y, transforma la sociedad. Sectores enteros de la economía se hunden, pero otros se refuerzan. Algunas mega-corporaciones se erigen como los verdaderos gobernantes del mundo y la escalada de crisis y tensiones desemboca en una guerra entre los planetas interiores y las lunas exteriores. Un avance para la humanidad, que al estilo Black Mirror, refuerza el capitalismo más salvaje y la tiranía. Un escenario que se anticipa en veinte años alcyberpunk.

El protagonista de Las estrellas mi destino

Gully Foyle es mi nombre,
y la Tierra, mi nación.
El espacio profundo es mi hogar,
y la muerte, mi destino.

Watson presentaba a Sherlock Holmes en Estudio en escarlata puntuando las habilidades del detective. Mientras que unas eran sobresalientes, otras obtenían flagrantes ceros. A Gully Foyle, nuestro conde de Montecristo, nos lo presentan de manera similar. Pero en este caso estamos ante una nulidad casi absoluta, sin otro recurso que la masa muscular y la obcecación.

Y esta obcecación le salvara cuando, tras el naufragio de su nave espacial, el odio le de un motivo para sobrevivir. El odio a otra nave que acudió a las ruinas de la suya y le abandonó a su suerte, conscientes de su precaria situación.

Así seguiremos las variopintas y alocadas aventuras de Gully Foyle. Su única motivación será la venganza, lo que le llevará a cometer verdaderas brutalidades. Asesinatos masivos, violaciones, torturas… Foyle será capaz de caer a lo más bajo. Pero en ese camino se irá transformando, hasta descubrir a los verdaderos malvados y convertirse en el Mesías de la nueva humanidad.

No será ni la primera, ni la última vez que la ciencia ficción hace protagonista a un ser despreciable. Me viene a la cabeza Robinette Broadhead de Portico de Federick Pohl. Todo un sinvergüenza, egoísta y maltratador. Pero Foyle alcanza un sadismo aterrador. Y nos cuestionamos si la redención es viable y justa para todos.

La sociedad es la culpable

Vivimos en una sociedad educada en la ley del Talión, el ojo por ojo bíblico. Un castigo que se remonta al origen de la civilización humana, que nos vincula a su pasado más primitivo. En principio, se trataba de dar un castigo proporcional al delito cometido. Realmente, en su origen histórico, la ley del Talión era un intento del naciente poder estatal para poner un límite a la venganza. Pero hoy en día, es sinónimo de la justicia entendida exclusivamente como pura y simple venganza.

Con el tiempo comenzaron a extenderse otro tipo de sanciones o castigos para anular el Talión. Por ejemplo las sanciones económicas, tan vinculadas al desarrollo de la propiedad privada. E incluso, los filósofos griegos desarrollaron el concepto de «perdón». Pero no sería hasta la ilustración cuando los enciclopedistas cuestionarían este antiguo precepto. Aun hoy, no obstante, el ojo por ojo sigue estando muy presente. La pena de muerte en muchos países «civilizados» es buena prueba de ello.

¿Somos responsables de nuestros actos? En última instancia sí, es evidente. Salvo que estemos dominados por una enfermedad mental, permanente o transitoria. Pero más allá de que el miedo, la ira o el impulso nos lleven a cometer actos injustificados, hemos sido moldeados por esta sociedad. Y no se puede obviar a la ligera ese determinismo. No para excusarnos, pero sí para comprender que hay muchos matices que no podemos ignorar.

Mientras que un joven humilde criado en la bahía de Cádiz tiene muchas posibilidades de terminar menudeando con hachís, al heredero de un pudiente negocio empresarial no le temblará el pulso a la hora de despedir a decenas de sus trabajadores para mejorar su margen de beneficios.

«Dejen de tratarlos como a niños»

Gully Foyle es mi nombre,
y la Tierra, mi nación.
El espacio profundo es mi hogar,
y las estrellas mi destino.

Gully Foley es realmente una víctima. Una persona condenada por la sociedad a ser una nulidad, un tipo embrutecido. Pero sometido a una situación extrema, la venganza le da fuerzas para sobrevivir. Y en esa venganza, es verdad que comete brutalidades, pero también aprende y se eleva. Incluso la gran malvada de la historia, Olivia Presteign, es otra víctima, a su manera. Una ciega albina, rechazada por su mutación pero todopoderosa por su linaje y cuenta corriente. Es una princesita aristocrática que odia a la humanidad.

Bester realmente no está condenando a la humanidad. Condena a esta sociedad megacapitalista que condena al embrutecimiento a las masas. Que nos moldea y nos embrutece. «Dejen de tratarlos como niños», le espeta Gully Foley al poderoso Presteign. Y efectivamente, Foley se identifica con una masa a la que los poderosos, los cultos, siempre tutelan. Tutelan como sólo saben hacer los poderosos: Limitando nuestro desarrollo, mintiéndonos, desmoralizándonos… ¿Destruirá esta masa la Tierra con su nuevo poder? Foley está convencido de que no. Pero al darle el poder a esta masa, lo que sí está destruyendo es la sociedad violenta que le ha visto nacer.

Así, el viaje de Gully Foley es el viaje de toda la humanidad. No es que se redima. Es que necesitó pasar por todo ese caos y destrucción que provocó para crecer como persona. Necesitó de su venganza, una especie de Revolución, para convertirse en el Mesías de una nueva época. Un reverso de Jesús, que era el Salvador a través del perdón y el sacrificio. Foley es el Mesías de la masa embrutecida, confía en ella y le muestra el camino de una nueva sociedad. Bester nos dice que no merecemos a un Jesús, merecemos a un Gully Foley, porque nuestra sociedad es bárbara, brutal, violenta, vengativa… Pero el fuego purificador, la apuesta por el riesgo, nos demostrará que podemos alcanzar las estrellas y comenzar de nuevo. Es el el destino de la humanidad, las estrellas. Mientras que él, Foley, completada su misión, volverá al lugar donde renació.

La masa embrutecida y el futuro

La tecnología nos abre las puertas a un futuro idílico para la humanidad. Al menos eso opino yo. Sin embargo, esa misma tecnología nos sumerge en un infierno a manos de los que se lucran de ella. Estamos más controlados, más vigilados, más idiotizados… Cuando todos los avances técnicos podrían hacernos más inteligentes, más libres, más participativos. El jaunteo sólo reproduce otros avances que se han ido produciendo en la historia de la humanidad. Es una historia vieja. Los ludistas protestaban contra la tecnología. Se anticiparon a Black Mirror en 200 años.

Pero esa tecnología, como hace el jaunteo nos permitiría conquistar las estrellas. La osadía de Bester es señalar que no serán los poderosos, las grandes corporaciones, los que aprovechen estos avances para mejorar el bienestar de la humanidad. Les apunta con el dedo. A Presteign y a su hija, con todo lo que ellos representan. Lo mismo podemos decir de Google, Samsung, Apple…

Bester dice en Las estrellas mi destino, que son los humanos más oprimidos, más embrutecidos por la sociedad, más ignorados por la alta sociedad, los que podrán aprovechar realmente el potencial del desarrollo humano. Y, con este desarrollo, abrir el camino a una nueva sociedad, representada en las estrellas. Para Bester el futuro vendrá de la mano de aquellos a los que la progresía intelectual mira con desprecio por encima del hombro. Vendrá de los espectadores de Sálvame, de los forofos del fútbol y de las apuestas, de los asiduos a los bares o las adictos a los tranquilizantes y ansiolíticos. Vendrá de los teleoperadores, de los peones de la construcción, las cajeras de los supermercados, las trabajadoras de la limpieza doméstica o los dependientes de las grandes cadenas.

Tengo que disculparme si al utilizar el termino «población embrutecida», no dejo de comportarme como un snop urbanita pseudointelectualoide. Quizás, realmente, los «embrutecidos» somos todas las víctimas de esta sociedad. Todos los que sufrimos un trabajo que nos esclaviza, un alquiler o una hipoteca que no nos deja vivir, unas enfermedades que requerirían más dinero para poder tratarse, una angustia al no poder llegar a fin de mes. Realmente en mucha gente, la frontera entre ser una «clase media» y un pobre «embrutecido» es muy fina. El cambio de uno a otro puede estar en un despido, en una depresión, en un accidente… Entonces, el futuro está en nuestras manos, sólo necesitamos tener el PirE en nuestras manos.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído Las estrellas mi destino? ¿Qué te ha parecido?

Las estrellas, mi destino, cubierta

Ficha del libro:

Las estrellas mi destino

  • Autor: Alfred Bester
  • Título original: The stars my destiny (también conocida como Tiger! Tiger!)
  • Fecha de publicación: 1957
  • En España: Gigamesh, ISBN 9788496208612

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