El prisionero. ¡No somos números! ¿O sí?

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En septiembre de 1967, los telespectadores británicos y canadienses esperaban ansiosos el inicio de una nueva serie, El prisionero. Estaba protagonizada por Patrick McGoohan, el héroe de Danger Man, icónica serie de espías. Todo hacía pensar que El prisionero era la continuación de las aventuras de John Drake. Puede que, desde cierto punto de vista, sí lo fuera —hay distintas versiones al respecto–, pero desde luego la nueva serie no tenía nada que ver con Danger Man.

El prisionero marcaría un antes y un después en la televisión. Desde luego, revolucionaría la pequeña pantalla y dejaría una huella muy profunda. Su influencia sigue, hoy en día, muy presente. Basta señalar algunas series que beben directamente del legado de El prisionero: Lost o Fringe, por ejemplo, o el personaje de Caprica 6 en Battlestar Galactica.

El prisionero en La Villa

Seguramente conoceréis el argumento de la serie: Un hombre, del que desconocemos su nombre, acude en Londres a las oficinas de la agencia en la que trabaja. Allí, presenta su dimisión durante una dura discusión con el que, se presume, es su superior.

A continuación, está persona regresa a su casa, visiblemente satisfecho, donde apresuradamente comienza a empacar su equipaje. Parece que se va de viaje a un lugar paradisíaco. Sin embargo, un misterioso sujeto que le seguía desde que había salido de la agencia, introduce un poderoso gas somnífero en su casa.

El hombre despierta de nuevo en lo que resultará una réplica de su casa, pero lejos de Londres. Está recluido en La Villa. Y a partir de entonces será el Número 6.

«Be seeing you»

—¿Dónde estoy?
—En la Villa.
—¿Qué quieren de mí?
—Información.
—¿De qué lado están?
—Eso no puedo decírselo…. Queremos información ¡Información! ¡INFORMACIÓN!
—No la tendrán.
—De algún modo, la obtendremos.
—¿Quién es usted?
—El nuevo Número 2.
—¿Quién es el Número 1?
—Usted es el Número 6.
—No soy un número ¡Soy un hombre libre!

La Villa será una prisión muy particular: Pueblo costero, aparentemente idílico. Todos sus «ciudadanos» visten igual y se comportan de manera similar. Con una estética que combina la psicodelia propia de finales de los 60 con un estilo retro a medio camino entre Mary Poppins y los años 20. El velocípedo será el emblema de la Villa.

El saludo entre los habitantes de La Villa es una de sus señas de identidad. Acompañado de un peculiar signo con la mano, se despiden con «Be seeing you». En castellano se puede traducir como «Nos vemos», pero realmente lo sé usa como un juego de palabras: «Te estaré viendo, te estaré vigilando».

Número 2 y El prisionero

Y, efectivamente, Número 6 estará constantemente vigilado. Será muy complicado diferenciar en la Villa a otros cautivos de los guardianes. Y Rober, un globo blanco, frustrará los intentos de fuga atrapando en su interior a los que lo intenten.

El Número 2 es el responsable de La Villa y el encargado de obtener la información de sus huéspedes. Casi en todos los episodios habrá un nuevo Número 2, supuestamente reemplazado por su incapacidad de extraer la información de Número 6.

Así en cada episodio veremos intentos cada vez más intrusivos de sonsacar la información tan ansiada a Número 6. Drogas, manipulación y mentiras, falsas apariencias, futuristas técnicas científicas de control mental o manipulación de la personalidad… Número 6, no obstante, logrará resistir a todos los intentos.

Lo que no logrará será fugarse. Todas sus tentativas, a cual más ingeniosa y preparada chocarán con el Rober o con un eficaz contraataque de los esbirros de La Villa.

El prisionero

La verdad de La Villa

Un primer aspecto que me resulta interesante es que La Villa está basada en un lugar real. Efectivamente. El co-creador y guionista de El prisionero —junto con el propio McGoohan—, George Markstein se inspiró en Inverlair Lodge, una mansión situada en Escocia.

Inverlair Lodge era un antiguo palacete de una familia aristocrática. Pero durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizada por el servicio secreto británico. La usaban como prisión de lujo reservada para agentes especiales británicos.

Exacto. No todos los agentes secretos aceptan sus misiones. Muchos agentes, y tenían que serlo para necesitar todo un palacio como prisión, cuando conocían los detalles de la misión a la que estaban asignados, se negaban a realizarla. Pero estos agentes tenían información peligrosa, así que eran recluidos en Inverlair Lodge para que no la revelaran.

Por cierto, Número 6 no sabe si ha sido apresado por la misma agencia de la que ha renunciado, por otra de su mismo «bando», por el bloque soviético (estamos en plena Guerra Fría) o por otra organización no alineada, que sencillamente quiere traficar con sus secretos.

Individuo y sociedad

Evidentemente El prisionero es un reclamo de la libertad individual frente al colectivismo uniforme y opresor. La Villa es un micro Estado donde, bajo la apariencia de igualdad absoluta, se esconde un régimen policíaco, opresor. En plena Guerra Fría es un dardo lanzado directamente contra la URSS. Pero no sólo.

La ciencia ficción y las distopías, en en particular, han denunciado un futuro, más o menos cercano en el que la libertad individual ha quedado aplastada por el poder del Estado. Tenemos por ejemplo 1984 de George Orwell, por poner un caso muy extremo.

Pero más allá de 1984, en El prisionero la crítica no se dirige exclusivamente contra los Estados totalitarios, que también. Son las sociedades Occidentales, las defensoras de la democracia y las libertades individuales, las que han puesto en peligro todos los valores que dicen defender.

No era una preocupación única de McGoohan y Markstein. Era una preocupación propia de la época. Estamos a finales de los años 60, en medio del movimiento hippie, de Mayo del 68… Respuestas a una sociedad acomodada, capitalismo muy próspero, pero que transformaba al ciudadano en consumidor, manipulado por la publicidad y las modas, reducido a una cifra estadística… El prisionero conectó con una preocupación creciente. ¿Hacia dónde vamos por este camino?

Números y democracia

Número 6 es libre de hacer lo que quiera, por puesto, dentro de La Villa. ¡Incluso hay elecciones «democráticas»! donde se interpreta la farsa de que «se pueden cambiar las cosas». Es muy parecido, por desgracia, a lo que tenemos en nuestra democracia representativa. Votas, para que nada cambie…

¿Y no nos hemos visto reducidos a meros número? Para el Estado, o las empresas, desde luego es así. Hoy somos números, somos datos. Y nuestro valor se reduce a cifras.

En cuanto a la homogeneidad de los ciudadanos de La Villa, el que todos, por fuera, seamos iguales… Es verdad que no vamos todos de uniforme, pero una cultura diferente, que nos viéramos desde fuera nos percibiría como una cultura bastante homogénea, —quizás con la nota de color de las «tribus urbanas»—: una apariencia bastante similar, ropas similares, peinados similares, conductas similares, modas…

Parece que elegimos, tenemos la ilusión de que somos únicos, pero la triste realidad es que nos amoldamos a valores estadísticos. Encajamos en un número limitado de perfiles estudiados y definidos. Y la tendencia global es hacia más uniformidad. Menos diferencias culturales, una masa más globalizada, más homogénea.

Es la vieja pesadilla del anarco-liberal. Vivimos en una sociedad en la que se idolatra el papel del individuo, pero que luego, a cada paso, nos encontramos con poderosas fuerzas que convierten en humo esas «libertades individuales» tan pregonadas.

Escape y resistencia

El último episodio de El prisionero es una paranoia muy polémica. Fue el resultado de la cancelación de la serie y la marcha precipitada de Markstein, dejando a McGoohan sólo al frente. El resultado causó mucho rechazo en los fans y no es un cierre a la altura del resto de la serie.

Pero hasta entonces, como hemos señalado, se da un patrón. Número 2 fracasa en los intentos de obtener información, pero Número 6 fracasa en sus tentativas de escapar de La Villa.

Y creo que estamos ante otra metáfora de nuestra sociedad. Número 6 demuestra una gran resistencia. Una gran capacidad de no torcer su voluntad a pesar de los métodos de ciencia ficción empleados para quebrarlo.

Así, el individuo tiene la fuerza de resistir a la sociedad, nos dice El prisionero, si tiene suficiente voluntad y unas convicciones firmes. Pero el individuo, pese a esa voluntad y esas convicciones, no puede escapar de la sociedad misma. Una conclusión bastante agridulce y precisamente, quizás, el límite del individuo. Como individuos “libres” no podemos cambiar la sociedad.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Viste El prisionero? ¿Qué te pareció?

 

the prisoner cover

Ficha de la serie:

El prisionero

  • Creadores: Patrick McGoohan y George Markstein
  • Título original: The prisoner
  • Fecha de estreno: 1 de octubre de 1967
  • Cadena emisora: ITV.
  • Premio Prometheus Hall of Fame de 2002 a Patrick McGoohan por El prisionero

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