El planeta de los simios, ¿tenía razón el Dr. Zaius?

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Fue el primer fenómeno de masas en el cine de ciencia ficción. Sin El planeta de los simios no se puede concebir el posterior desarrollo del género en la gran pantalla. Coincidió en el tiempo con 2001: una Odisea en el espacio, pero ambas películas son como el día y la noche.

Kubrick hizo una película pretenciosa, para un público más elitista, con un mensaje filosófico, místico, difícil de entender y alejado del sentir de las masas.

Franklin Schaffner rodó una película más humilde, fácil de comprender y que acude sin rodeos al meollo de los miedos de la sociedad estadounidense de finales de los 60. Un producto de masas que no renunciaba ni muchísimo menos a la reflexión o a la critica social. ¡Todo lo contrario!

El legado de los simios

El impacto de El planeta de los simios fue tremendo. Como prueba, le sucedieron nada menos que cuatro secuelas, cada cual con menos presupuesto. Ya hablaremos de ellas porque aunque son más bien serie B, incluyen algunas joyas. También se hizo una serie, una serie de dibujos animados y mucho merchandasing, anticipándose —y seguramente sirviendo de inspiración— a George Lucas.

Como bien sabéis, más recientemente fue Tim Burton el que retomo la marca con una película entretenida aunque menospreciada por la crítica. Curiosamente, el final de esta película de 2001 es más fiel al libro original de Pierre Boulle que la película de la queremos hablar hoy.

Y ya actualmente hemos visto una nueva y gran trilogía que podrían servir de precuela de la película original de 1968. Tres magnificas obras que merecen una entrada aparte.

1968

No es la primera vez que hablamos en este blog de los convulsos años 60 en EEUU. Por ejemplo lo hicimos cuando hablamos de Star Trek. Esta serie se apoyaba en los conflictos del momento para ofrecernos una visión optimista del futuro. Todo lo contrario que El planeta de los simios. Summum del pesimismo.

Así, en 1968 tenemos unos EEUU complejos y divididos. Y atemorizados.

Conflictos raciales. La población negra protagoniza la lucha por los derechos civiles. El propio Charlton Heston, entonces del Partido Demócrata, participaría en la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad de 1963. Y poco antes del estreno de la película era asesinado Martin Luther King.

La guerra. En Vietnam en 1968 estamos en plena Ofensiva del Tet, que si bien fue una victoria militar estadounidense, de cara a la opinión pública y la propaganda, serán los vietnamitas quienes saldrán reforzados. Y no olvidemos la guerra nuclear. Estamos en plena época del MAD, la Destrucción Mutua Asegurada.

Movilizaciones de la juventud. Contra la guerra, por la ecología, por la libertad sexual…

Pero también veremos el naciente cinismo que se impondrá en los años 70, pasada la oleada de luchas. Heston, por ejemplo, ingresará en el Partido Republicano en 1972 y girará cada vez más a la derecha. Todos estos temas y más están muy presentes en El planeta de los simios.

El planeta de los simios. Los tres monos sabios: «No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal»
«No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal»

Taylor y Landon

Taylor es un hombre cínico, descreído. Conscientemente, ha renunciado a su vida en la Tierra. Sabía que viaje le alejaría para siempre de todo lo conocido. La humanidad de su época no puede aportarle nada. Y él la rechaza con vehemencia. Eso le ha llevado al planeta de los simios.

Un gesto que no es ningún detalle: Taylor se ríe de su compañero Landon cuando éste coloca una pequeña bandera estadounidense en el suelo del misterioso planeta. Recordemos que reírse de tal gesto patriótico es todo un insulto en EEUU. De hecho, poco después del estreno de El planeta de los simios, el Apolo 11 llegaría a la Luna. La colocación de la bandera de barras y estrellas sería imperativo para los astronautas.

Taylor contrasta con Landon, que acudió a una misión suicida por ¿Patriotismo? ¿Orgullo? ¿Disciplina? ¿Inconsciencia? Lando es la tradición, la inercia, lo «correcto»… Acepta su destino con resignación y su destino será la lobotomía. ¿Una metáfora de lo que les espera a los ciudadanos como Landon? Taylor, por contra, no está «preparado para morir» y defenderá su vida y su dignidad con uñas y dientes. El que lucha y cuestiona la sociedad, el que es crítico, sobrevivirá. El que asume la tradición, el orden establecido, está, en la práctica lobotomizado.

Por cierto, ambos son WASP (white anglosaxon protestants), la base social tradicional del conservadurismo estadounidense. Y a nadie se le escapa que los simios son una metáfora de la población negra (aunque el tercer astronauta de la expedición sea negro, secundario e irrelevante, como pasaba —y pasa– en muchas películas). Comparación entre simios y negros que se reforzará, sobre todo, en la secuela Rebelión en el planeta de los simios.

Lucha de opuestos en el planeta de los simios

Entrando dentro de la propia sociedad simia, sociedad de oprimidos convertida en opresora, también veremos una constante lucha de opuestos encarnada en varios protagonistas.

Lucius, joven, contestatario, valiente… Capaz de enfrentarse a los gorilas, los soldados, obedientes, rudos… El propio Taylor le animará a desconfiar de toda persona de más de 30 años. Un claro guiño a las revueltas estudiantiles de la época.

Y es que la sociedad simia está fuertemente jerarquizada. Orangutanes, al mando, las grandes figuras. Aparentemente sabios y venerables. El Legislador era uno de ellos. Son ministros, jueces, doctores y sacerdotes. Gorilas, el músculo, soldados, pero también los trabajadores no cualificados. Y los chimpancés, las «capas medias», intelectuales, los más ilustrados y con ideas innovadoras.

No nos engañemos, la sociedad simia es un reflejo de cómo veían nuestra sociedad los creadores de la película: una élite al mando que fusiona a políticos y religiosos. Un poder estatal rudo y embrutecido reclutado de entre lo más bajo de la sociedad. Y unas «capas medias» emprendedoras, creativas y normalmente ignoradas por el poder.

El Doctor Zaius y la humanidad

Protegeos contra el hombre puesto que es la garra del diablo. Es el único entre las criaturas que mata por placer, ambición o avaricia. Sí. Matará a su hermano por poseer lo de su hermano. No le dejéis procrear en gran número porque convertirá en desierto vuestras tierras y las suyas. Haced que se retire a la jungla, puesto que es el brazo ejecutor de la muerte.

Leyenda XXIX del Legislador

Cornelius (Aurelio en el doblaje castellano) y Zira son sus representantes. Ambos cientificos cuestionan los dogmas de la tradición. Se apoyan en la ciencia, luchan contra los prejuicios, tienen una mente abierta. El Doctor Zaius, orangután, es el representante de esa tradición. Dogmático, soberbio… ¡Cuantas veces el poder político (y casi siempre vinculado al poder espiritual) han rechazado el avance, la verdad científica, el progreso… Recordemos a Galileo, Servet, Bruno… Pero es que Zais sabe mucho más de lo que admite.

Y aquí está la gran encrucijada de la película. Zaius es capaz de condenar injustamente a Cornelius y Zira por un propósito: Proteger a la sociedad simia. Él desconfía de la humanidad por toda la maldad que cree que es intrínseca a nosotros. El rechazo que el propio Taylor sentía por la humanidad y que le llevó a participar en la misión espacial nos hace intuir que quizás Zaius sí que tiene razón.

Y el famoso desenlace final, cuando se revela la verdad… Pues deja muy claro que la humanidad es peligrosa. Para empezar consigo misma, pero también contra el planeta y la vida en su conjunto. ¿Está entonces justificada la actitud de Zaius y los demás orangutanes?

La civilización y la maldad

Si la civilización simia fuera idílica, entonces nos tendríamos que rendir a la evidencia: La humanidad es un virus y merece su destrucción, como luego diría el Sr. Smith en Matrix.

Pero la sociedad simia no es idílica, ni muchísimo menos. De esclavos se han convertido en esclavistas. Con castas. Necesitan armas de fuego. No todos los simios son iguales. La sociedad no es libre e igualitaria…

¿Son entonces los pecados del hombre, pecados de la civilización? ¿Es inevitable el mal, la corrupción y la injusticia cuando nos convertimos en civilizados? ¿Inevitablemente los oprimidos que se hacen con el poder reproducen los vicios de la sociedad a la que reemplazan?

Desde luego las conclusiones de El planeta de los simios son profundamente pesimistas. Mientras 2001 nos mostraba el camino hacia el superhombre, El planeta de los simios nos muestra que nosotros mismos nos auto-destruiremos. ¿Quién tendrá razón de los dos? Yo soy optimista, pero a veces los acontecimientos son tozudos y me tratan de llevar la contraria.

El lenguaje

Sólo una última reflexión: el papel del lenguaje. No quiero alargar mucho la entrada, pero sólo mencionarlo. El planeta de los simios plantea claramente que la habilidad de hablar es determinante para que haya inteligencia. Es un planteamiento defendido por muchos estudiosos: la actual inteligencia humana alcanzó su actual nivel a la par que desarrollábamos la habilidad de hablar. No sólo por favorecer la comunicación social y facilitar la cooperación, sino porque el habla permitió el desarrollo de pensamientos verbalizados. En la película, los simios y humanos que hablan son inteligentes. Los humanos que no hablan, no lo son.

¿Y Nova? ¿No demuestra Nova a lo largo de la película que sí que es inteligente aunque no pueda hablar? Es un tema que desconozco y que me gustaría indagar. Se agradecerían opiniones y explicaciones.

¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has visto El planeta de los simios? ¿Qué te pareció?

Cubierta El planeta de los simios

Ficha de la película:

El planeta de los simios

  • Director: Franklin Schaffner
  • Título original: Planet of the Apes.
  • Guionistas: Rod Serling (primera versión) y Michael Wilson (versión definitiva) a partir del libro de Pierre Boulle.
  • Fecha de estreno: 1968
  • Productora: 20th Century Fox
  • Premios (entre otros):
    • Óscar honorífico a John Chambers por el maquillaje.

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Un comentario sobre “El planeta de los simios, ¿tenía razón el Dr. Zaius?

  • el 24 junio, 2019 a las 8:47 pm
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    La película es un auténtico clásico, que se enmarca dentro del cine antinuclear de su época. Como se menciona, los simios han creado su sociedad tras el colapso de la civilización humana, pero (como se muestra en la primera y segunda entregas de la saga) dista de ser perfecta; del elitismo intelectual representado por los orangutantes en el film original, se pasa en su segunda parte a la dictadura militar de los gorilas, que acaba provocando un segundo holocausto nuclear, esta vez acabando con toda forma de vida sobre el planeta. Una visión muy negra de la civilización moderna…y sobre todo de la de su época. Y una visión muy negra de la energía nuclear, que en sus inicios prometía ser el maná que libraría a la especie humana de los combustibles fósiles y que le permitiría acceder a una fuente de energía inagotable.

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