Akira, amistad, drogas y amebas

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2019 es el año en que el ciberpunk se hace realidad. O al menos así nos lo anticipó la ciencia ficción. En 2019 transcurría Blade Runner. Y también estallaba Neo-Tokyo. De Blade Runner ya hemos hablado. No así, para mi vergüenza, de Akira, la obra maestra de Katsuhiro Ōtomo.

¡Hay tantas obras de ciencia ficción de las que tengo que escribir! ¡Hay tanta variedad! Novelas por supuesto, pero también cómics, películas, juegos de rol… Y este verano me he dado cuenta de que aun no he escrito sobre tantas cosas! ¡Ninguna película de animación por ejemplo! Y del único manga del que lo he hecho, Alita, ha sido en una entrada sobre la película protagonizada por personajes de carne y hueso (más o menos). ¡Qué injusticia para obras de arte como Akira o Ghost in the shell! Hoy toca escribir, por fin, de la primera.

Akira, manga y película

Akira es una auténtica obra de culto. Tanto el manga como la película. Ambas obras están obviamente muy relacionadas, pero la película se desvía de la trama del manga, sobre todo porque se terminó antes que la obra gráfica. Así que Ōtomo creó realmente dos historias paralelas que van divergiendo una de la otra.

El punto de inicio de ambas tramas es una terrible catástrofe nuclear en Tokyo que destruye la ciudad y desencadena la Tercera guerra mundial. Años después, en 2019, nos encontramos en una reconstruida Neo-Tokyo, una ciudad que, como decía la promoción de la película, está a punto de «E-X-P-L-O-T-A-R».

Neo-Tokyo es una megapolis megatecnologica. Muy similar a la oscura Los Ángeles de Blade Runner o al mismo Tokyo de Neuromante. Parecen sacadas del mismo universo ciberpunk. Sociedades en descomposición, con tremendos contrastes sociales. Graves problemas medioambientales. Un Estado opresivo. Tecnología que lejos de facilitarnos la vida nos ha deshumanizado…

Kaneda y Tetsuo

Más que cualquier otra cosa, Akira trata de una amistad. Dos amigos. Prácticamente hermanos. Ambos herederos de una sociedad destrozada. Jóvenes huérfanos, víctimas de una asistencia social y una educación pública ineficaz y sin recursos ni medios.

Uno, Kaneda: El líder, carismático, obstinado y valiente, atractivo, dispuesto a defender a los suyos. El otro, Tetsuo: un drama humano. Incapaz de adaptarse al papel que le ha tocado jugar. Con complejo de inferioridad. Víctima de fuerzas que no comprende.

El héroe, sin poderes. Ni es mutante, ni ciborg. El anti-héroe, porque tampoco es exactamente un villano, sí que tiene poderes, pero son un regalo absolutamente envenenado. La causa de su verdadera ruina.

Un épico enfrentamiento entre más que amigos. Porque Kaneda y Tetsuo se quieren. Sin la carga sexual de Ben-Hur y Masala, pero mucho más humano que Moisés y Ramsés.

Pertenencia a un grupo

El ser humano es social. Necesitamos formar parte de un grupo, de un colectivo en el que identificarnos, por encima de la familia tradicional. Es una necesidad primaria, herencia de nuestras antiguas relaciones tribales y gentilicias. El individualismo exacerbado propio del capitalismo ha traído desarraigo, soledad y egoísmo.

La trama de Akira se apoya en esta necesidad de formar grupos. Las bandas juveniles, con muchas similitudes con los drugos de La naranja mecánica, formadas por muchachos desheredados como Kaneda o Tetsuo, son su máximo exponente. Gran parte del trauma de Tetsuo tiene que ver con su lugar en la banda.

¿Y no es Japón el país de las tribus urbanas? Raro es el joven japones que hoy en día no está encuadrado en algún grupo: gals, decorer, lolitas, cosplays, gyaruo, yankiis, bosozoku (a la que pertenece el grupo de Kaneda)…

Por cierto, hablando de bosozoku, la moto de Kaneda tiene un tremendo simbolismo. Vivimos en una sociedad que idolatra los objetos. Poseerlos, o no, dan un estatus especia al propietario. No es casualidad que Tetsuo aspire a poseerla. Es el símbolo de todo lo que no puede ser.

Más grupos

Pero en Akira no solo están las pandillas juveniles.

El grupo revolucionario al que pertenece Kei, por ejemplo. La militancia de la juventud en grupos revolucionarios es otro clásico en la formación de grupos y en la búsqueda de una identidad. Jóvenes idealistas, inadaptados, ingenuos… Por cierto, Japón no es una excepción. Ōtomo se crió en medio de las revueltas estudiantiles de la Zengakuren el sindicato de estudiantes japonés, dirigido por comunistas, de los años 60 y 70 que protestaba contra la presencia estadounidense en el país.

Y hay más ejemplos: grupos religiosos, también muy presentes en el Japón actual, el propio ejército, el grupo de niños-números, y, en el manga, los bandos enfrentados por el establecimiento del Imperio de Tokyo.

Neo Tokyo, la ciudad de Akira

Las drogas en Akira

La presencia de drogas en Akira es permanente. El ejército las utiliza en su experimentos. Los jóvenes las consumen en las calles. Para Tetsuo se convierten en una verdadera obsesión.

El uso de drogas para expandir nuestra capacidades mentales, o para controlarlas no es nueva. La obra de Philip K. Dick está llena de ejemplos. Vease por ejemplo Los tres estigmas de Palmer Eldritch. También en obras de otros atures, por ejemplo la especia de Dune.

Sin embargo, hay una lectura de Akira distinta. Más bien de denuncia de los perjuicios que el consumo de drogas provoca en la juventud. Tetsuo destruye su vida por sus poderes. Sus poderes son su droga, además de las pastillas que se ve obligado a ingerir cada vez en más cantidades. Es una adicción. Una adicción que le consume, que saca lo peor de su personalidad, que pone en peligro a todos a los que quiere. Tetsuo es un yonki en el laberinto de la drogadicción. Sus poderes son el subidón, que le hace creer que es especial.

La relación de Japón con las drogas es muy compleja. Oficialmente hay una política de tolerancia cero. La causa oficial es que tras la Segunda Guerra Mundial, las bombas atómicas, la hambruna que hubo en el país hasta finales de los años 50 y los sobresfuerzos para reconstruir la economía, el uso de estimulantes se disparó, causando graves problemas de salud pública. Desde luego las condiciones laborales japonesas —de donde han surgido las modernas enfermedades mentales asociadas a la sobreexplotación moderna— han incentivado el consumo de sustancias controladas por la mafia japonesa, la famosa Yakuza.

¿Y Akira?

Akira es el niño que da nombre tanto a la película como al manga. Sujeto de experimentación, la imposibilidad de controlar su poder provoca la explosión nuclear que destruye Tokyo.

En la película, se habla constantemente de Akira, pero a penas lo veremos. En el manga, Tetsuo logra despertarlo y lo convierte en un deshumanizado emperador de Tokyo. El poder absoluto le ha arrebatado toda su humanidad. A penas tiene frases ni interacciones y su rostro es siempre el mismo.

Quizás sí que es una ameba. Ōtomo explica que Akira es la energía vital que hay en todo ser vivo desatada, descontrolada. Una ameba —o la visión tradicionales de este ser unicelular, solo interesada en engullir y crecer—, con el poder de un humano.

La conclusión es evidente: ¡Cuidado con buscar de manera artificial la fuerza vital, el , que todos los humanos tenemos en nuestro interior! Esa fuerza, esa energía, desatada, descontrolada, es peligrosa, destructiva… Otra vertiente de la historia de Frankenstein. La ciencia no debe hacer determinadas cosas que podrán afectar a la humanidad e incluso destruirla. En esa lógica, el mundo en descomposición que nos muestra el ciberpunk es resultado de la tecnología y la ciencia, aunque yo creo que es más bien de los hombres que han usado esa tecnología y ciencia de manera espuria y egoista.

Akira y el Japón contemporáneo

El Japón contemporáneo nace con las bombas de Hiroshima y Nagasaki (como Akira comienza con la explosión de Tokyo). Es verdad que con la caída del shogunato y la derrota de los samurais, el capitalismo había ido transformando Japón de manera irreversible, pero 1945 fue un año clave. Las explosiones atómicas, la voz del sagrado emperador anunciando la rendición del país —hasta entonces nunca un japonés medio le había escuchado—, la ocupación estadounidense… fueron un punto de inflexión. Siguió un desarrollo económico y tecnológico sin precedentes. Y una transformación social abrupta.

Cuando la sociedad se transforma con velocidad, los valores tradicionales que han sostenido el cemento social del pasado entran en crisis. La gran crisis económica que sufrió Japón a mediados y finales de los 80, seguido con más de una década de estancamiento económico —que aún perdura—, ha acelerado esa crisis social y moral y la juventud es siempre el sector más sensible a estos procesos.

La pérdida de valores tradicionales, la orfandad de nuevos valores, el individualismo, la mercantilización impuesta por el capitalismo… son todos fenomenos que impulsan a que el ciberpunk siga conectando con cientos de miles de personas. En nuestras pesadillas es más creíble encontrarnos a la vuelta de unos pocos años con un mundo como el de Akira, que con cualquier otro escenario de ciencia ficción.

¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has visto o has leído Akira? ¿Qué te pareció?

caratula de Akira

Ficha de la película:

Akira

  • Director: Katsuhiro Ōtomo
  • Basada en el manga Akira también de Katsuhiro Otomo
  • Fecha de estreno: 1988
  • Fecha del manga: 1982-1990
  • Productora: Akira Committee

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