Joker. Psiquiatría y violencia.

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Joker no es una película de ciencia-ficción. Desde ese punto de vista no tendría cabida en este blog. Realmente, ni siquiera es una película del subgénero de superhéroes. El protagonista se convierte en el Joker, pero la historia hubiera funcionado igual de bien si, en lugar del Joker, hubiera sido simplemente «el descenso a los infiernos de Arthur Fleck«. Aunque el título no hubiera tenido el mismo impacto comercial.

Entonces, ¿por qué incluyo una entrada sobre esta película? Basicamente porque me gustó mucho, invita a numerosas reflexiones y, bueno, el blog es mío. Pongamos como excusa que las películas de superhéroes se pueden englobar en la ciencia-ficción y que el Joker es un personaje de DC.

Empezamos por lo obvio

Estamos ante una película tremenda. Reconozco que fui al cine escépctico. Tanta y tanta critica tan positiva. Incluso de antes del estreno. ¡Vaya campaña de marketing! Pensaba para mis adentros. Pero ¡ojala me equivoque siempre así! Joker ha sido una refrescante sorpresa.

Ya se ha dicho de todo: Sobre el papelón de Joaquin Phoenix, sobre el guión, el director… Los que siguen mi blog ya saben que no me centro tanto en análisis técnicos, sino en las ideas que me transmite la obra. Y Joker está repleta de ideas.

Empatizando con Arthur

El guión de Joker da una vuelta genial al concepto de villano. Los hay, ¡claro que hay villanos en Joker! -más adelante trataré ese tema-, pero desde luego Arthur Fleck no es uno de ellos. Arthur es una víctima. La víctima. Y lo más genial es que desde el minuto 1 hasta que ya se ha convertido irreversiblemente en el Joker, no dejaremos de empatizar con él. De sufrir con él.

Da igual que la «realidad» del universo de Joker sea diferente de lo que nos muestra la película. Es posible que lo que hemos visto se trate de lo que ha visto y sentido Arthur, afectado como está de una enfermedad mental. Pero él lo ha visto así y lo ha sentido así.

Ahora preguntémonos: Si, por cómo somos, sufrimos acoso, insultos, palizas… Si en una de ellas, la que colma el vaso, una agresión que, por supuesto, no hemos buscado, tenemos un arma en el bolsillo… ¿No trataríamos de defendernos? ¿No sería muy probable que se nos cruzaran los cables? Quizás a la primera nos contenieramos. Pero tarde o temprano reventaríamos.

No perdamos de vista que Arthur sufre una enfermedad mental. Está diagnosticado. Sufre la peor precariedad laboral y el nefasto sistema de salud estadounidense. A lo que se añaden los recortes, también conocidos en la sanidad catalana, por ejemplo (es conocido que estos recortes han causado muertes). Arthur se queda sin tratamiento y sin medicación. Y si sufres una enfermedad mental, te medicas por prescripción médica y te retiran de golpe toda la medicación…

Las enfermedades mentales

La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras.

Arthur Fleck

Una persona de mi familia muy importante para mi sufre una enfermedad mental. Reconozco que me costó entender lo que le sucedía. Desde fuera estamos acostumbrados a ofrecer consejos baratos y lugares comunes sin tener ni idea de lo que realmente es una enfermedad mental o cómo se siente el enfermo. Como bien explica Arthur, esperamos que se comporte como si no estuviera enferma.

Hay muchísimos tabues sobre las enfermedades mentales. No se habla de ellas. Se minimizan o menosprecian, cuando no son motivos de broma. En mi sector laboral, por ejemplo, una baja por depresión automáticamente se etiqueta como un escaqueo del trabajador, cuando son precisamente las propias condiciones laborales una de las causas más recurrentes para terminar con una enfermedad mental.

El enfermo mental suele perder a los amigos, muchísimas veces la pareja, incluso a los hijos. Es habitual que pierdan el trabajo, los ahorros e incluso la vivienda. Muchos pierden, finalmente, la vida. Necesitan una atención profesional que necesitaría ser personalizada y, sin embargo, es precaria y está masificada.

En el Baix Llobregat, donde vivimos más de 800.000 personas, solo hay un hospital que trate la salud mental. Y es concertado de una orden religiosa. Ni siquiera es público. He presenciado como tentativas de suicidio se tratan con una observación de un par de horas en el pasillo del hospital porque no hay camas y se da el alta, porque no hay habitaciones para el ingreso.

En el hospital de día de la comarca, también concertado, se tarda en cubrir las bajas de sus profesionales y cuando se alarga la lista de espera de pacientes, están obligados a dar altas aunque el paciente requiriera de más tiempo. Después el psiquiatra y el psicólogo visitarán al paciente una vez al mes, descontando meses como agosto donde no se cubren vacaciones.

En la salud mental hay muy buenos profesionales, psiquiatras, psicólogos, enfermeros, educadores sociales… pero les faltan medios y personal. Cuando el sistema está saturado es inevitable que al final se abuse de la farmacología y no se apueste lo necesario en terapias en grupo, como las de un hospital de día. Y por supuesto, en la sanidad actual, la psicología preventiva es inexistente.

Las enfermedades mentales son más habituales de lo que creemos pero estan ninguneadas por los poderes fácticos. Sólo por poner la lupa en esta situación Joker merece una aprobación.

Enfermedad social

Siempre ha habido enfermedades mentales, pero el capitalismo, sin lugar a duda, ha enfermado a decenas de miles de personas como ningún sistema social anterior hubiera hecho.

Antes hablabamos del mundo laboral, donde el estrés, por ejemplo, está a la ordén del día. No todo el mundo tolera de la misma manera una situación de tensión. Pero incluso los aparentemente más incombustibles pueden estallar. Un encargado que no está preparado para gestionar una situación conflictiva en el trabajo y paga su frustración con sus subordinados. Exabruptos. Sobrecargas de faena sin contratar personal necesario. Menosprecios. Agravios comparativos. La tensión de no llegar a fin de mes…

Entonces echamos la vista atrás. Y nos damos cuenta de que ninguna de las espectativas, sueños, esperanzas… que teníamos ingenuamente en nuestra juventud, que nos vendieron como humo cuando eramos impresionables, se han hecho realidad. Que nuestra vida se ha convertido en una rutina gris. Destinada toda la semana a actividades que no nos realizan. Y que hemos perdido el tiempo. Un tiempo que no recuperaremos.

Y en frente vemos el espejo de la fama, el prestigio, la riqueza de unos pocos afortunados que nos tratan con menosprecio o condescendencia. Ellos defienden su éxito diciendo que se debe a su talento, a su esfuerzo, frente a nuestro fracaso, nuestra incapacidad, cuando muchas veces no hay más que una herencia, un «braguetazo», o mucha cara dura, cuando no directamente un robo.

Además, como en nuestra sociedad se idealiza la juventud, nuestra plenitud sexual, infravalorando la madurez, la experiencia y la sabiduría, nos sentimo más viejos de lo que somos y nos frustramos aún más, añorando un cuerpo que ya no volverá o un ritmo de vida que ya no aguantaríamos.

En consecuencia, queremos olvidarnos de todo. Para evadirnos tensamos la cuerda, con alcohol u otras drogas. O con deudas, porque siempre habrá entidades financieras o publicitarias dispuestas a darnos endorfinas a través de la compra y el consumo, convirtiendonos en yonkis del consumo, atrapados en deudas con intereses abusivos.

Es un ejemplo, como podría haber muchos otros. Pero ¿quién no se siente identificado en más o menos parte de lo relatado?.

Los tres villanos de Joker

concentración de protesta en Joker

Joker nos muestra una Gotham City desgarrada por las contradicciones sociales. Huelgas, malestar, pobreza, recortes y mucha polarización política. Aunque la película está situada temporalmente a finales de los 70, principios de los 80, realmente el director refleja lo que podría ser EEUU en un futuro muy muy cercano. Como ya comenté en otras entradas, por ejemplo la dedicada a La Purga, EEUU es una olla a presión. Es importante tenerlo en cuenta.

Más arriba señalé que en Joker había villanos, pero que Arthur desde luego no era uno de ellos. La respuesta general -y correcta- sería que el villano por antonomasia es la sociedad. Para ser más preciso, el capitalismo en EEUU. Pero hay tres personajes en concreto que lo personifican.

Randall

El compañero de trabajo de Arthur. El que finje ser su amigo. El que, sabiendo que Arthur tiene graves problemas, le ofrece un arma. Un gesto irresponsable, probablemente más habitual en EEUU de lo que nos gustaría.

Randall personifica la hipocresía de una sociedad egoista. Randall ataca y se ríe de los más débiles. Se llena la boca «ayudando» a Arthur, pero no le defiende cuando le despiden. Es ese EEUU hipocrita e individualista que se rasga las vestiduras ante la violencia, pero que defienden y favorecen el empleo de armas. Recordemos que estamos en el país de la Asociación Nacional del Rifle, de la matanza de Columbine y donde todos los años mueren entorno a 40.000 personas por arma de fuego.

Murray Franklin

Era el héroe de Arthur. Cuando éste se convierte sin vuelta atrás en el Joker es cuando también comprende quién es verdaderamente Murray Franklin: un carroñero.

Primero comprobamos que la TV en España no ha inventado nada. Todo viene de EEUU. Y entre muchas cosas, también vino de EEUU la utilización con absoluta crueldad, de gente indefensa, ingenua y/o ignorante, la mayoría con problemas graves, muchas veces problemas mentales. Les engañan y manipulan, los exiben como en los tiempos de los freak shows circenses para que nos riamos de ellos. Para dar carnaza a la audicencia. ¿Y quién no se ha reido de alguno de estos «frikis». Seguro que todos tenemos algún programa en mente.

Thomas Wayne

Pero si hay un supervillano en Joker, ese es Thomas Wayne. Multimillonario con aspiraciones políticas. Desprecia a los pobres y realiza soflamas incendiarias insultando a los más desfavorecidos.

Sus argumentos están realmente en la conciencia de muchos reaccionarios que utilizan sin escrúpulos el, en mi opinión, falso discurso del éxito. «Si estás en la cima de la sociedad es porque te lo mereces». Si estás hundido en el lodo, es tu responsabilidad, tu falta de esfuerzo y/o inteligencia. Eres un vago que quiere vivir de las ayudas del Estado…

Efectivamente, Thomas Wayne es una representación de Trump. Una versión más aristocrática, pero igual de cruda. Un reflejo de la época que vivimos, de recortes, graves problemas sociales y de políticos reaccionarios que cada vez ocultan menos sus verdaderas intenciones. Munición para una explosión social latente.

Por cierto, no he incluido a la madre de Arthur. A mi no me quedó claro que Wayne dijera la verdad en este tema. Muy bien pudo quedarse embarazada y que el millonario lo arreglara todo para ingresarla en Arkham. Lo cual no excluye que entre el parto y el ingreso estuviera con un hombre que la maltratara a ella y al niño. En todo caso, a priori creo que ella es otra víctima más.

Una explosión violenta

Vivimos en una sociedad violenta. Y la violencia genera violencia. No son tópicos. Incluso en democracias, hay violencia. Y muchas veces es el aparato del Estado quien enciende la mecha con su propio uso del monopolio formal de la violencia. Pero para los más oprimidos, cuando ya no tienen nada que perder, cuando la desesperación y la indignación alcanza determinados limites, cuando no se vislumbra ninguna salida, no queda otra que tomar las calles. Y sí, en estos casos la violencia será casi inevitable, en parte porque se defenderán del Estado. Estas explosiones se suelen iniciar con un accidente, aparentemente sin ningún vínculo con la gasolina que se acumula en la sociedad. Joker lo explica muy bien: El asesinato de tres ejecutivos y, además, las declaraciones incendiarias de Wayne.

La izquierda en este país tiene un defecto. Cuando vemos disturbios como los que hubo hace unos años en Baltimore, o los que ahora hay en Hong Kong o en Chile, solemos empatizar con los que se rebelan, comprender su situación, denunciar la brutalidad policial… Pero pensemos por un momento lo que pasó en Catalunya tras la sentencia del Procés. Había infiltrados policiales —siempre los hay, además alentando la violencia más irracional—, pero sus protagonistas eran jovenes de entre 15 y 20 años. Jóvenes que solo han vivido políticamente los últimos cinco-siete años. Jóvenes en los que el deseo de independencia está claramente vinculado al rechazo a una sociedad que no les ofrece ningún futuro, solo represión e insatisfacción. Realmente, lo extraño es que no hubiera habido antes una explosión así.

Y atención, porque si realmente la economía vuelve a entrar en recesión, despues de un «crecimiento» que se alimentó de deteriorar las condiciones laborales y el nivel de vida de los más pobres, es bastante probable que veamos estallidos similares. No soló en Barcelona, también en Madrid, Sevilla, Valencia etc.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has viso Joker? ¿Qué te pareció?

poster de Joker

Ficha de la película:

Joker

  • Director: Todd Phillips
  • Fecha de estreno: 31 de agosto de 2019
  • Productora: DC Films, Village Roadshow Pictures, Bron Creative, Joint Effort Productions, Sikelia Productions

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2 comentarios en “Joker. Psiquiatría y violencia.

  • el 27 octubre, 2019 a las 11:30 am
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    Me ha encantado tu reflexión sobre lo que refleja en nuestro espejo particular una película como Joker. La privatización de los servicios públicos (sanidad, educación, …), el fomento de la denominada “cultura” del espectáculo, la progresiva deshumanización hacia nuestro entorno, sea la gente con menos recursos, empobrecida, con necesidades especiales, refugiad@s de países que no son más que infiernos en guerra generados y armados por nuestros gobiernos, el “a por ellos” en vez de hablar con “ellos”. Coincido completamente con tu apunte sobre la situación generada por la sentencia del procés. Vivimos tiempos violentos, con represión, desahucios, violencia machista, agresiones en el trabajo y centros de estudios, … estamos generando no uno si no millones de Jokers y el sistema nos ofrece más control, represión y extrema derecha.
    Lo triste, y bonito a la vez, es que apuntes como el tuyo no tendrán espacio en los medios habituales y tenemos que refugiarnos en blogs como este degustar una buena reflexión.

    Mil gracias por el artículo, me has alegrado todavía más la mañana de este soleado domingo, hoy, en Granada.

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