Picard, los sintéticos, las diferencias y la vida

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En la entrada que escribimos en Thalassa sobre Data, decíamos: «Hay varios factores para explicar el éxito de The Next Generation, pero uno de los más importantes fueron dos de sus protagonistas: Por un lado, el genial capitán Jean-Luc Picard. Muy diferente a Kirk. Más reflexivo y sabio, filosófico incluso, y respetable. La reencarnación del emperador Marco Aurelio en el espacio. Pero el otro personaje, también muy querido por todos los aficionados de Star Trek, es, sin duda, Data».

Y efectivamente, la relación entre Picard y Data fueron la columna vertebral de La nueva generación y de sus secuelas cinematográficas. Hasta Némesis, la última película de Star Trek protagonizada por este elenco. Picard, la serie, se desarrolla bastantes años después de Némesis. Pero el dramático final de esta película —­el sacrificio de Data para salvar a Picard—, es la piedra angular de esta nueva producción.

Actualización o nostalgia

En los últimos años se ha llevado a cabo un constante intento de relanzar Star Trek y llevar la franquicia más allá de su fiel núcleo de seguidores. La nostalgia está de moda, pero en este caso, usarla en exclusiva sólo movilizaría a un target determinado, como he señalado muy fiel, e importante numéricamente, pero alejado de los milennials: Aquellos que fuimos fieles a las series y películas originales y que, seguramente, ya superamos los 40 años.

La trilogía de nuevas películas (el reboot de 2009, En la oscuridad y Beyond) trataron de conectar a los personajes de La Serie Original con la época actual. Sin ser malas películas, creo que prevalecía la acción y la inmediatez de nuestro siglo, dejando más de lado ese espíritu explorador y reflexivo tan característico de todas las anteriores producciones de Star Trek.

Tuvieron éxito, pero no se convirtieron en un nuevo Star Wars —como quizás soñaban sus productores—, ni pudieron competir en resultados con las películas de Marvel. Parecía que no iban a tener continuación. Ahora todo indica que sí que habrá un Star Trek IV, aunque, por desgracia, no estará dirigido por Tarantino.

Más cerca de ese espíritu trekkie que he mencionado se situó, en mi opinión, Discovery. Al menos la primera temporada. La segunda aún no la he podido ver, pero en general ha recibido peores criticas. Pronto llegará una tercera temporada, lo cual es una buena noticia. En Discovery, sin renunciar a la nostalgia, quisieron desarrollar y expandir el universo, también para atraer a nuevos fans, pero con más fidelidad que las películas.

Picard, nostalgia, pero bien llevada

El regreso de nuestro particular Marco Aurelio era un gran triunfo de la nostalgia. Quizás solo el fallecido Leonard Nimoy, en su papel de Spock, podría hacer sombra al capitán de The next generation. Pero creo que ha sido una nostalgia que ha sido llevada con elegancia.

Su opening ya nos da muchas pistas de la trama de la serie. ¡Aunque reconozco que sobre todo el opening me emocionaba porque al final suenan unas pocas notas de la melodía de The next generation! Como decía, el opening da pistas: el conflicto entre sintéticos y orgánicos reconstruye al capitán Picard. ¿Reconstruye? Exacto.

Precisamente el guión tuvo la culpa de que Patrick Stewart aceptara volver a interpretar al mítico capitán. Él mismo confesó que la lucha contra la discriminación a lo diferente ha sido siempre una de sus banderas personales. Siempre le gustó el mensaje diverso de Star Trek, e incluso vio también este mensaje en la saga de X-men. Por eso conectó con él el planteamiento de esta nueva serie.

La reconstrucción de Picard

Efectivamente, la serie reconstruye al ahora almirante retirado. Al comenzar la serie nos encontramos con un Picard que es una sombra de lo que era. Recluido en sus viñedos franceses, abandonado a su frustración e impotencia, su envejecimiento no sólo es físico —e inevitable—, sino también psicológico. Es un Picard decadente.

Pero una llama, una chispa: la lealtad, el afecto a su comandante, del que no pudo despedirse como merecía, le despierta de su letargo. Salvar la herencia de Data se convertirá en un revulsivo para Picard. Abandonará su retiro, se enfrentará a su pasado, a toda la Federación si es necesario, apoyándose en lo único que tiene: sus amigos, su leyenda y la reflexiva audacia que siempre le caracterizó.

Ciertamente, en la serie terminará por reconstruir también a Picard en un sentido más literal, como muestra el opening, pero la verdadera reconstrucción se hará episodio a episodio: honrando a Data, volviendo al espacio, confrontando con todo el dolor del pasado: su final con la Federación, incluso su etapa borg, siempre tratando de dar ejemplo e inspirando a otros.

escena de Picard

El conflicto sintético

Una extraña rebelión de sintéticos de Marte, con dramáticas consecuencia, llevó a la prohibición, por parte de la Federación, de la investigación y desarrollo de estos seres artificiales. Pero éstos no han sido del todo erradicados.

Picard, como decíamos, almirante retirado tras un enfrentamiento con la Federación paralelo al desastre marciano, se encontrará con una sintética de apariencia completamente humana que le está buscando. Resultará que ella es la hija de Data, su querido comandante, que años atrás había sacrificado su vida para salvarle. Sin embargo, una poderosa organización clandestina romulana persigue a la sintética.

Los sintéticos son mas fuertes y resistentes que los orgánicos. Y tienen una capacidad mucho mayor y más veloz para computar de datos. ¿Esta superioridad les convierte en una amenaza para la vida humana?

En la saga de vídeo-juegos Mass effect se desarrolla una historia con ciertas similitudes con la trama de Picard. Una de las especies que coexisten con los humanos en la Vía Láctea desarrollaron vida sintética muy avanzada. Sin embargo éstos maltrataban a estos seres artificiales. Finalmente, las creaciones se rebelaron contra los creadores. Además el que la galaxia haya alcanzado este grado de desarrollo tecnológico, marca la irrupción cíclica de unos antiquísimos seres capaces de destruir toda vida inteligente.

Lo diferente

Sin duda, el conflicto entre orgánicos y sintéticos es un posible desarrollo del futuro humano. La fascinación por los robots nos acompaña desde los orígenes de la ciencia ficción. Ahí tenemos autores como Asimov para mostrarnos el lado amable de estas creaciones, o la Metrópolis de Fritz Lang, para su lado oscuro.

Lo interesante es que la humanidad parece destinada a actuar con miedo ante el desarrollo de esta forma de vida artificial. Con miedo y con arrogancia, convirtiendo a estos seres en obreros sin derechos. Y muchas veces se ha señalado que un comportamiento así llevaría a la rebelión de los sintéticos.

La cuestión es que realmente la ciencia ficción usa la opresión y posterior rebelión de los sintéticos, como metáfora de lo que sucede en nuestro mundo actual. Como señala Stewart, aunque se ha avanzado mucho, las minorías siguen siendo sospechosas. Se sigue tratando con miedo y distancia a quien es diferente, cuando no se le oprime con brutalidad e injusticia.

¿Por qué a muchos humanos les espanta lo diferente? Primero porque es un temor alentado. Efectivamente, siempre hay «alguien» interesado en desviar los problemas propios buscando chivos expiatorios. Y lo distinto, lo ajeno, lo foráneo, son candidatos idóneos porque esa diferencia les convierte en algo desconocido y lo desconocido da miedo e inseguridad.

El fanatismo

Pero supongo que también hay algo más. Somos seres sociales y formamos parte de colectivos y somos rutinarios. Lo diferente, que percibimos como algo de fuera de nuestro colectivo, puede ser visto como una amenaza porque cuestiona nuestro modo de vida, porque nos hace pensar en que hay otras formas, otros caminos distintos. Eso rompe nuestra zona de confort, nuestra confianza, nos hace dudar, hace que se tambaleen nuestras tradiciones, nuestras reglas…

Antes de ver la diversidad como una oportunidad, como riqueza, como fuente de conocimiento, nuestra educación social nos lleva a verlo como un problema, o al menos como algo sospechoso.

El fanatismo romulano, mostrado en la serie, también refleja la realidad humana en la Tierra. El fanatismo lleva a extremos insospechados una creencia, una idea, que puede ser más o menos acertada, pero que moviliza a sus fanáticos apartando el sentido crítico, la reflexión. El fanático cierra su mente a la diversidad y a las diferencias. A los distintos puntos de vista. Detrás de un fanático hay un hombrecillo asustado, asustado porque es incapaz de comprender el mundo a su alrededor, dejándose caer en manos de la demagogia, el dogmatismo, la ignoramos y las falacias.

La globalización y la homogeneización

La expansión de los imperios coloniales y el capitalismo que llevaban bajo el brazo comenzó una carrera por la homogeneización de la humanidad. Por supuesto era la cultura de las naciones dominantes la que se extendía, sobre todo la cultura anglosajona primero, angloamericana después. La globalización acentuó esa tendencia. Las tradiciones culturales propias cada vez quedan más arrinconadas, convertidas en pasatiempos para turistas.

La globalización tiene dos caras: una positiva, nos puede hacer más cosmopolitas, puede enriquecer al conjunto de la humanidad, derribar fronteras, aumentar la colaboración… Pero también tiene sus aspectos negativos y también puede provocar una reacción. Muchos de sus aspectos negativos están provocados porque es una globalización desigual: se ha potenciado el comercio mundial, pero la prosperidad no es global, ni los derechos laborales, ni la sanidad… El surgimiento del coronavirus probablemente era inevitable, la globalización ayudó a su extensión, pero la persistencia de diferencias entre estados y el modelo neoliberal de servicios públicos ayudó a su descontrol.

El verdadero riesgo de la globalización, en si misma, no es que nos quiten el trabajo los países con legislaciones laborales decimonónicas, o que las multinancionales se eleven por encima de las personas. Estas son las consecuencias de una globalización construida sobre un modelo económico injusto y desigual. El verdadero riesgo de la globalización es una homogeneización cultural destructiva, que se pierda riqueza cultural, cuando podría ser constructiva, que toda la humanidad se enriqueciera.

La diversidad del futuro

Sin embargo, como si la humanidad como especie reaccionara contra la homogeneización, a pesar de la extensión global del capitalismo y la cultura «occidental», no han dejado de surgir grupos diferentes que han cuestionado lo «normal». Algunas de estos grupos, si se me permite la expresión, siempre habían estado presentes, pero habían estado supermarginadas, perseguidos, reprimidos… La homosexualidad es un claro ejemplo. Pero hay muchos más ejemplos. La propia mujer como género, rompiendo con el esquema tradicional de la familia. Y a una escala mucho menor, desde grupos culturales que se resisten a perecer e incluso renacen, a tribus de nuevo tipo, unas más volátiles que otras.

El futuro, creo que aumentará esa diversidad. La homogeneización cultural no triunfará del todo, aunque se llevará por delante gran parte de la diversa cultura ancestral humana. Pero surgirán nuevas divergencias. Puede que vinculadas a la tecnología. No necesariamente vida sintética. Pero si podrían desarrollarse seres humanos con implantes cibernéticos, ciborgs o transhumanos, o humanos con modificaciones genéticas. O una combinación de ambos tipos.

También se desarrollarán nuevos sistemas de creencias, no necesariamente religiosas, que tomarán elementos de distintas culturas, fusionarán y desarrollarán. También otros modelos familiares. En la comedia Avenue 5, muy buena, aparecen trimatrimonios, por ejemplo. Los idiomas evolucionarán. Aunque una lengua franca global, el inglés hoy en día, aunque seguramente integrando terminología china e hispana en el futuro, dominará la vida pública, no será el único idioma. Y habrá nuevas expresiones culturales, cada una con sus diferentes escuelas, defensores y antagonistas. La humanidad es única, pero es plural.

Et in Arcadia ego

Estamos hechos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños,
y nuestra pequeña vida se encierra en un sueño.

Próspero en La Tempestad de William Shakespeare, citada por Picard.

Quizás es inevitable que algunas culturas ancestrales desaparezcan. Hoy ya no existe la cultura grecorromana, ni la cultura maya, ni la cultura sumeria… ninguna desapareció del todo, porque siempre pervive alguna herencia, pero parece que todo lo humano tiene siempre un principio y un final, como la propia vida.

Y así lo explica Data. El androide que siempre quiso ser humano, sabe que, para poder serlo tiene que morir. Nuestra muerte es lo que da significado e importancia a la vida. La muerte es inevitable, incluso en el universo de Star Trek. De ahí el título de los dos últimos capítulos de Picard: Et in Arcadia ego, la muerte llega incluso al Paraíso. Todo lo que existe merece perecer.

Ciertamente con la tecnología estamos alargando la vida humana. Pero siempre querremos más vida si la que hemos vivido no ha sido plena y satisfactoria. El miedo a la muerte nace de la frustración causada por nuestra terrenal e insatisfactoria vida. Con una vida más plena, veremos la muerte como una parte natural y necesaria de la existencia. Sobre todo si tenemos un buen legado que dejar a la posteridad, si echamos la mirada atrás y estamos satisfechos de cómo hemos ido resolviendo los conflictos y problemas de la vida, de cómo hemos ido creciendo, cometiendo errores, pero aprendiendo de ellos, entendiendo que siempre tenemos tiempo de reconstruirnos… hasta que dejamos de tenerlo.

¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has visto Picard? ¿Qué te pareció?


cubierta de Picard
carátula de Picard

Ficha de la serie:

Star Trek: Picard

  • Creador: Alex Kurtzman
  • Basado en: Star Trek: The Next Generation de Gene Roddenberry.
  • Estreno: 23 de enero de 2020.
  • Canal original: CBS

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