Soylent Green, ¿nos alcanzó ya el destino?

Si te ha gustado, comparte:

Cuando el destino nos alcance, cuyo auténtico título es Soylent Green, es una película de rabiosa actualidad, aunque fuera rodada en 1973. Recientemente la volví a ver, y me sorprendió muy gratamente. No sólo por lo bien que ha envejecido. Lo que demuestra que algunas historias de ciencia ficción se pueden contar muy bien sin ayuda de los efectos digitales, si es rodada con mucha imaginación e inteligencia. Pero también por lo que esta historia relata. Hasta el punto de llevarme a pensar, tal y como se titula esta entrada, sobre si el destino realmente ya nos ha alcanzado.

Soylent green es una adaptación de la novela de Harry Harrison, ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! No he leído la novela, pero parece que el guión de la película se desvió bastante del texto. En todo caso, parece que estamos en uno de esos pocos casos en los que la película logra ensombrecer al libro original. Curiosamente, otro ejemplo sería con la también protagonizada por Charlton Heston, El planeta de los simios.

Heston y Fleischer

Efectivamente, Soylent Green es parte de la que podríamos llamar «trilogía distópica de Charlton Heston». El actor venía de protagonizar El planeta de los simios en 1968 y de aparecer en su secuela Regreso al planeta de los simios en 1970. En 1971, sería el turno de El último hombre… vivo, (The Omega Man) una interesante y setentera adaptación de la famosa novela Soy leyenda de Richard Matheson.

Al frente de la película tenemos a Richard Fleischer un veterano director, muy polifacético. Entre otras muchas películas, había dirigido la versión de Veinte mil leguas de viaje submarino interpretada por Kirk Douglas o Viaje alucinante, cuyo guión sería novelizado por Isaac Asimov. Pero también son suyas películas bíblicas, comedias, bélicas, policíacas…

Robinson y Sol Roth

Pero además acompaña a Heston un fabuloso Edward G. Robinson, en la que sería su última película. De hecho, la película se estrenó después de su muerte (por cierto, no será la única vieja gloria presente en la película, también participa Joseph Cotton). Ciertamente, cada vez que el veterano Robinson aparece en la pantalla, la emotividad que aporta engrandece en varios enteros la calidad de la cinta. El actor y su personaje, Sol Roth, compartían sin duda muchas características. Ambos añoraban un mundo que ya no existía y se arrepienten de que, por acción o inacción, hubieran sido cómplices de que el planeta terminara en un callejón sin salida. Quizás la diferencia esencial es que Sol se evitará la dolorosa agonía del cáncer practicando la eutanasia, una de las ideas rompedoras que aparecen en Soylent Green.

Robinson, brillante estrella en los años 30 y 40, había sido un ferviente luchador en pro de los derechos democráticos y contra el fascismo y el racismo. Ciertamente su carrera y reputación declinó por culpa de la Caza de brujas. Fue incluido en la Lista Negra, bajo la sospecha de ser comunista, pero logró que le tacharan delatando a compañeros y amigos suyos ante la Comisión de Actividades Antiamericanas.

Por cierto, conviene recordar que el trasfondo de ¡Hagan sitio! ¡hagan sitio! es que son los comunistas, sobre todo los chinos, los que provocarán la superpoblación mundial. Sin embargo, en la película, salvo por algunos uniformes de inspiración maoista, no hay rastro de ningún comunista, y sí de ricachones burgueses.

El mundo de Soylent Green

2022: New York está habitado por 40 millones de personas hacinadas y empobrecidas. La megaindustrialización del siglo XX ha llevado a la Tierra a la superpoblación, al efecto invernadero y a la extinción de cientos de especies. La temperatura global ha subido y los alimentos naturales son un bien ultra-escaso al alcance tan sólo de una pequeña élite económica. William R. Simonson, accionista de la más importante empresa de alimentación, Soylent, ha sido asesinado en circunstancias muy extrañas precisamente cuando se ha lanzado un nuevo producto de la compañía: el Soylent verde (Soylent Green), fabricado a partir del plancton del océano. Frank Thorn, detective de la policía, será el encargado de investigar el asesinato.

A lo largo de la película veremos a una humanidad que sufre los efectos de su propia locura. El sudor omnipresente y los exteriores amarillentos nos recuerda el calentamiento global, una teoría que en 1973 aún no era mayoritariamente aceptada por la comunidad científica. El agua potable está racionada y se dispensa en garrafas y para comer la inmensa mayoría sólo dispone de los productos fabricados por Soylent. El hacinamiento, consecuencia de la superpoblación es terrible. Veremos a cientos de personas que duermen apiladas en las escaleras y portales de los edificios.

Pero siguen existiendo clases sociales. Una exclusiva minoría multimillonaria sigue viviendo en apartamentos de lujo, con aire acondicionado, portero y mujeres de compañía. ¡Ah! y disponen de carne real y verduras frescas. Un tremendo contraste con la vida de nuestro protagonista que, usando ilícitamente su placa, probará por primera vez en su vida una comida casera.

¿Pero qué es realmente el Soylent Green?

Como mencionamos más arriba, la compañía que ha creado este nuevo alimento afirma que procede del plancton de los océanos. Las masas están dispuestas a rebelarse para garantizar el suministro de este nuevo producto porque los otros alimentos de la compañía Soylent, el Soylent amarillo y el Soylent rojo son muchos menos nutritivos y sabrosos. Pero el asesinato de Simonson apunta a que hay un terrible secreto detrás del Soylent green.

Y el secreto resultará terrible y lógico. Porque en un mundo sin recursos, contaminado, arrasado y superpoblado. ¿Cómo se puede alimentar a la humanidad? ¿De dónde pueden salir las proteínas necesarias, si ya no hay animales, si los océanos están arrasados?

fotograma de Soylent Green

Superpoblación, recursos y miseria

Soylent Green se anticipa a muchos de los problemas a los que, muy probablemente, la humanidad se enfrente en un futuro cercano, sino, ya mismo. Para algunos puede que aún haya marcha atrás. Para otros, es posible que el destino ya nos haya alcanzado.

La superpoblación es un riesgo evidente en el conjunto del planeta. Como sabéis actualmente vivimos más de 7.700 millones de seres humanos. Las proyecciones que hacen los científicos hablan de que en 2050 alcanzaríamos la cifra de 11.000 millones de personas. A partir de ahí hay divisiones: Una parte de la comunidad científica habla de que a partir de entonces puede que haya una estabilización de la población, e incluso un descenso. Otro sector, apunta a que la población seguirá creciendo.

Más humanos, bajo el actual sistema socio-económico significa, sin lugar a dudas, más contaminación, más pobreza, más escasez y más tensiones mundiales. Hasta ahora, los países ricos, afectados por un envejecimiento de sus residentes nativos, han podido absorber, con más o menos tensiones políticas, la emigración masiva que huye de la miseria extrema. Pero ya no hay un far west donde empezar una nueva vida, y la colonización de otros planetas aún parece una perspectiva bastante lejana. Los optimistas creen que, cuando países como China, India o Brasil, alcancen una prosperidad similar a la de Europa o EEUU, su población decaerá, repitiendo la curva demográfica que hay en Occidente. Luego hay otros acontecimientos como guerras o pandemias que podrían afectar al crecimiento de la población. Pensemos en qué podría haber sucedido si, el coronavirus hubiera tenido una letalidad similar al ébola.

El calentamiento global y más miseria

Junto a la superpoblación, el otro ingrediente que crea el mundo de Soylent Green es la contaminación y el calentamiento global. Ambos efecto de la masiva producción industrial alimentada con energía contaminante.

Aún hay negacionistas del cambio climático, a pesar de las abrumadoras pruebas científicas que se han venido aportando. Desde luego el clima de la Tierra no es estático y éste ha cambiado a lo largo de la historia de nuestro planeta. Pero parece que ahora no tocaba una fase de calentamiento, o al menos no de la manera tan rápida en que se está produciendo. No está claro si ya hemos cruzado un punto de no retorno. Es muy posible que mi generación se muera sin ser realmente consciente del futuro al que nos enfrentamos. Pero nuestros hijos y nietos sufrirán una Tierra muy diferente a la nuestra. Desde luego, advertencias las hubo desde hace bastante tiempo.

Ya a finales del siglo XIX se determinó que un incremento del dióxido de carbono aumentaría la temperatura del planeta. En los tiempos en los que se rodó la película, la preocupación climática era manifiesta, aunque una parte de la comunidad científica creía que la presencia de aerosoles lo que podría provocar era un enfriamiento de la Tierra. No obstante, ya desde los 60 las voces alertando del efecto invernadero se incrementaron.

La ciencia ficción ha retratado ampliamente los posibles efectos del calentamiento global. Bastante interesante resulta la descripción que vemos en La chica mecánica de Paolo Bacigalupi, por poner un ejemplo. Desde luego debemos prepararnos para una subida abrupta del nivel del mar, desertización, extinciones masivas, migraciones masivas, crisis alimentaria, guerras por recursos como el agua… Más miseria y antes de que todo eso se produzca, el fin de la democracia representativa tal y como la conocemos.

¿Hay salidas?

¿Pero es inevitable avanzar hacia un escenario tan distópico? ¿No pueden los acontecimientos obligar a que se apliquen políticas radicalmente distintas a la palabrería ecológica a la que estamos acostumbrados?

Lo cierto es que muchas veces la realidad supera nuestras previsiones. Antes del coronavirus seguramente era impensable que en medio mundo se impusieran confinamientos, y que la mayoría de la población, los asumiera con mayor o menor resignación. Y después del confinamiento, los efectos de estos acontecimientos son imprevisibles. Soy de los que piensa que habrá consecuencias. Es verdad que es muy posible que la economía tarde en recuperarse y que aumente el nacionalismo económico y el miedo a la emigración. Pero también es muy posible que la sanidad pública salga reforzada de todo esto y que muchos gobiernos paguen por su falta de previsión. Al final, la humanidad deberá de estrechar la colaboración para aprender a anticiparse a nuevas e inevitables pandemias.

Por eso, lo que hoy parece imposible, mañana podría suceder. Por ejemplo, con la superpoblación, parece lejano creer que en países de democracia representativa lleguen a darse legislaciones que impongan controles demográficos. Todo lo contrario. En Europa, las políticas demográficas aplicadas hasta ahora han buscado premiar, ayudar a incentivar la natalidad. Resulta paradójico que se incentive la natalidad en el corazón de Europa cuando millones de niños en todo el mundo se mueren de hambre y la emigración está limitada y perseguida. Y, sin embargo, en un futuro la actitud hacia la emigración podría cambiar, precisamente ante la necesidad imperiosa de rejuvenecer las economías europeas. EEUU depende cada vez más de la mano de obra emigrante. Tampoco está descartado que en países llamados ­«democráticos» se apliquen medidas de planificación demográfica como las que aplicó China durante muchos años.

Tecnología y prosperidad

Realmente la tecnología podría aumentar la producción, tanto de energía como de alimentos. La creación de nuestros propios Soylent ya está en camino, aunque sea a través de hamburguesas de carne vegetal. Estos alimentos podrían ayudar a reducir la producción industrial de ganado, muy contaminante, a la vez que garantizar comida nutritiva y barata allí donde hay hambrunas. Ni siquiera la propia idea planteada en la película y que aún hoy sería socialmente rechazada y repudiada (¡cuidado spoiler! Soylent reaprovecha los cadáveres humanos como fuente de alimentos), es descabellada. Abandonar a su descomposición, o incinerar importantes fuentes de proteínas y otros nutrientes es, desde muchos puntos de vista, un despilfarro.

También se podría desarrollar energía más limpia y más ecológica, tecnología para potenciar el reciclado de basura, la purificación del agua, el control general de los gases contaminantes… Pero por muchas medidas que se tomaran en esa línea, es evidente que la población de la Tierra no podría crecer indefinidamente. Aunque tampoco podemos decir hasta cuánto se podría crecer. La población actual sería impensable hace dos siglos.

Lo que sí que podemos afirmar, es que muchas de las medidas necesarias para evitar que… el destino nos alcance chocan hoy en día con los grandes lobbies económicos y financieros. El cortoplacismo, la rentabilidad inmediata, la búsqueda rápida y fácil de beneficios son el verdadero tumor de nuestra sociedad. Seguro que muchos grandes accionistas de las empresas energéticas son muy ecologistas, reciclan en sus casas y se han comprado nuevos coches menos contaminantes… Pero a la hora de renunciar a sus dividendos para invertir en ecología, o en la ciencia necesaria para desarrollar la ecología… prefieren mirar hacia otro lado.

La gran contradicción

Hay una contradicción evidente entre las necesidades del planeta y de la humanidad en su conjunto, y los deseos y necesidades de los individuos que detentan el poder económico y, por tanto político. Si no se resuelve esta contradicción, llegará un punto más o menos cercano en el tiempo en el que sí que el destino ya nos habrá alcanzado.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Cuando el destino nos alcance? ¿Qué te pareció?


carátula de Cuando el destino nos alcance

Ficha de la película:

Cuando el destino nos alcance

  • Director: Richard Fleischer
  • Título original: Soylent green
  • Basada en el libro ¡Hagan sitio! ¡hagan sitio! de Harry Harrison
  • Estreno: 19 de abril de 1973.
  • Distribuidora: Metro-Goldwyng-Mayer
  • Premios:
    • Saturn a la mejor película de ciencia ficción del año.
    • Nebula a la mejor representación dramática, película, del año.

Si te ha gustado, comparte:

3 comentarios en “Soylent Green, ¿nos alcanzó ya el destino?

  • el 25 abril, 2020 a las 7:40 pm
    Permalink

    La película es un gran clásico del género, y muy típica de su época, los años 70. Respecto al tema planteado, es muy complejo, pero puede resumirse en que nuestro planeta puede asumir perfectamente que 10.000 familias vivan en mansiones, tengan megayates, flotas de coches de lujo y varios jets privados, los recursos planetarios apenas lo notarían, pero lo que no puede asumir la Tierra es que 9.000 millones de personas tengan coche particular, papel higiénico y agua corriente. Así que, con estas premisas, solo caben dos opciones. O retornar a sistemas económicos pasados, como el del imperio romano, donde unos pocos poseían casi todo, y el resto no tenía donde caerse muertos, y que la enfermedad y la hambruna hagan su selección natural…o buscar recursos en otros lugares (léase en otros mundos). Y respecto a la solución alimenticia que da la película, pues es impactante y dramática, pero no muy recomendable higiénicamente, el canibalismo siempre va de la mano de muchas enfermedades infecciosas, por eso es una medida desesperada en todas las especies animales…sería más fácil comer insectos o compuestos proteínicos artificiales.

    Respuesta
  • el 4 junio, 2020 a las 10:09 am
    Permalink

    La imagen de Sol, en la clínica de eutanasia (tan semejante a un cine) viendo las imágenes de documentales sobre la naturaleza de un mundo desaparecido mientras se le apaga la vida. Ufff. No puedo evitar sentirme así cuando en las noticias anuncian la extinción de una nueva especie, o el plástico o en los mares o…

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: